Nos operan sin anestesia

En el instante en que esta columna empezaba a ser escrita, la pantalla de la computadora sufrió "muerte súbita": se cortó la luz en el diario. Eran las 17:30 de ayer. Más de 50 minutos después revivió, pero nada asegura que el problema no se reitere una y diez (¿cien?) veces este verano de intenso calor y consumo récord.

Vivimos en la capital de una provincia con seis grandes hidroeléctricas y apenas a 70 kilómetros de El Chocón. Cualquier desavisado aseguraría que acá no se corta la luz. Pero se corta. Como en el resto del país.

Es el resultado de un larguísimo tiempo de desinterés político y desinversión empresaria. Néstor y Cristina lo hicieron.

Estos cortes de hoy son resultado de un larguísimo tiempo de desinterés político y de desinversión empresaria.

Con la falsa premisa de proteger a sectores muy precarizados del país, se malgastaron fortunas en subsidios. Y se terminó beneficiando a amplios sectores que bien podrían haber venido pagando tarifas más altas. Como para que las empresas no tuvieran excusas.

Ahora la leche ya está derramada. Y no queda otra que pagar la fiesta (con tarifas grosas que las empresas vuelquen en inversiones imprescindibles).

Por estas horas el malo de la película, ya se sabe, es el gobierno de Macri. Aunque su culpa mayor en esta historia sea haber ganado las elecciones y tener que enfrentarse cara a cara a lo inevitable (a un impredecible costo político, claro).

De todos modos, sin roce político, el ministro Aranguren hizo lo suyo: falló no una sino dos veces al anunciar un tarifazo abrupto que sabremos padecer. Descerrajó una ensalada de números. Comunicó confuso, mal. Resultado: nadie sabe cuánto le dolerá el bolsillo desde la próxima factura.

El supremo error macrista es, en este terreno hipersensible, operarnos sin anestesia.

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