Nuestro fútbol, pasión y locura

La cosa está que arde. En la Bombonera, donde un equipo que fue campeón hace apenas un par de meses deja una imagen de ciclo cumplido. En el fútbol argentino, donde un entrenador que ganó dos títulos en el cierre de un año es empujado por casi todos para que deje su cargo tres partidos después, con un verano caliente de por medio.

Hace rato que la pasión futbolera se está convirtiendo en locura. Y nos vamos acostumbrando a ella sin patalear, sin pisar la pelota para ver por dónde nos conviene encarar a la última línea de esta presión en aumento. Vivimos el fútbol como pocos. Nos lo elogian, nos enorgullece. Pero no nos damos cuenta de que los momentos de alegría son cada vez más escasos y, en cambio, cada vez sufrimos más durante los 90 minutos de este mágico juego como si nos fuera la vida en ello. En este infierno en el que sólo un puñado le escapa a las llamas de la pasión, un entrenador que no es capaz de ganar lo que su hinchada le exige parece condenado al exilio.

La segunda fecha ya se cargó a un técnico y el Vasco parece condenado, a un par de meses de ser campeón.

No importa, como en el caso del Vasco Arruabarrena, que haya tenido una exitosa carrera en el club (fue el autor de los únicos dos goles que hizo Boca en la final de la Libertadores 2000, la que inició la historia copera moderna) ni los títulos del 2015. Todo parece viejo, todo es urgente, y los clásicos se convirtieron en partidos sacatécnicos, en batallas en las que no está permitido caer. Ayer, en la segunda fecha, el primer derbi del torneo ya se cargó a un DT, Lucas Bernardi, víctima del calor con el que los rosarinos viven su partido. Ayer, el entrenador del campeón quedó herido de muerte y nadie apuesta dos mangos por él. Le renovaron el contrato en diciembre. Pero nuestro fútbol ya no da revanchas.

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario

Lo Más Leído