Para 4000 familias, el calor llega en un camión

El Garrafero recorre una vez por semana cada barrio de la ciudad.

Ana Laura Calducci

calduccia@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Unas 4000 familias de la ciudad no saben lo que es pasar el invierno en remera y en patas. Son vecinos que no tienen gas de red ni dinero para comprar garrafas.

Desarrollo Social les da un bono por mes que equivale a una carga de 10 kilos y ellos se las ingenian para multiplicar el beneficio, aprovechando las grietas del control burocrático.

Una vez por semana pasa por el barrio el camión que les cambia el codiciado papelito amarillo por el combustible que los mantendrá calentitos siete días más.

Al volante del camión está, desde el año pasado, Alfredo. Muchos conocen su nombre, pero en los 26 barrios del reparto lo llaman con el mismo apodo: el Garrafero. Él es quien les recibe los bonos y las garrafas vacías a cambio de otras repletas, selladas con cinta, que la gente se lleva a sus casas como puede: sobre el hombro, en carretillas, changuitos de bebé, carritos valijeros y hasta con un palo atravesado que sostienen de a dos.

Alfredo se levanta muy temprano, antes de las 6, y va a la empresa transportadora. A las 7 abren el portón de la planta de YPF, en Parque Industrial. Sale de ahí un rato después, con el sol acariciándole la cara y 250 garrafas a sus espaldas.

Cada día debe recorrer cuatro o cinco barrios. A las 9, en Valentina; a las 10:15 en Cuenca XV. Tiene 45 minutos para el reparto y 30 más para ir de un punto a otro.

“Me gusta el trabajo; el problema es que soy la única cara visible, por eso las puteadas me las como yo, la gente se las agarra conmigo”, confió en una breve pausa del camino.

Cuenca XV es una de las paradas donde más gente lo espera. La fila da la vuelta a la esquina y, mientras intercambia las garrafas, caen más y más vecinos. A veces, tiene que decir que no va más, porque llega tarde al barrio siguiente. Es una decisión difícil, que implica dejar a otra persona sin la preciada carga de calor. “Si te olvidás de venir a horario, tenés que comprar la garrafa a 150 pesos como barato”, explicó Silvina, una joven mamá de la toma Peumayén.

“Usamos la garrafa para tener prendido todo el día el horno; si no, esperamos que venga la leña. Ahora me toca mi bono de vuelta dentro de tres semanas. Sin bono no hay garrafa”. Laura. Mamá de la toma Peumayén

“Yo vengo todas las semanas porque conseguimos bonos en otros lados. En la vecinal te dan uno por familia. Hacemos así porque nos dura una semana”. Soledad. Vecina del sector. Nuestra Esperanza I

“Para mí, es la primera vez que vengo, porque me quedé sin trabajo. Me vine con la garrafa al hombro, porque vivo a pocas cuadras. La necesito para cocinar”.Marcos. Vecino del sector Las Flores del barrio Hipódromo

Sin importar el tiempo que esté, cuando el Garrafero arranca a otro destino, siempre quedan uno o dos rezagados que lo ven partir de lejos. “En esos casos, será otro día; no queda otra porque también, si dejo mucho en un barrio, me quedo sin garrafas para los otros”, explicó.

En su solitaria tarea, le han cambiado alguna garrafa vacía por otra llena sin que se diera cuenta.

También están los que, por necesidad, le reclaman que haga la vista gorda y les venda una carga. Por eso, la parte más difícil de su trabajo es cuando no está al volante.

Hoy una garrafa vale oro entre los que no tienen con qué calentarse. Carmen, del sector Los Hornos, señaló que “el problema es que solamente sea un bono todo el año; en invierno tendrían que poner refuerzos, porque al que lo usa para calefacción le dura una semana”.

A su lado, los que siguen en la fila sonríen. Imaginan por un momento cómo sería esta época de frío con cuatro garraferos en la ciudad.

No harían falta los intercambios de favores para conseguir más de un bono y Alfredo no estaría tan solo con su reparto.

5600 es la cantidad de recargas que el camión hace por mes.

El número puede ser mayor si recarga por quedarse sin garrafas. Algunos vecinos con movilidad cambian su bono en las plantas de YPF.

Albañiles, madres solas y... petroleros

En 2011, el reparto de garrafas sociales llegaba a 10 barrios de la ciudad. Después fueron 15 y hoy son 26. El recorrido se amplió para llegar más cerca de las tomas, pero también aumentaron los vecinos que piden el bono de gas. Los referentes del sector Hipódromo comentaron que este año sumaron muchas madres solteras, albañiles y también petroleros.

El reparto de Hipódromo y Almafuerte es numeroso. Todos los jueves entregan allí unas 80 garrafas y el Centro de Promoción Familiar tiene un padrón de 130 beneficiarios.

Martín Gallardo y Susana Infante, trabajadores del centro, comentaron que todos los meses aparecen nuevos vecinos a pedir el bono. La mayoría se sumó en las últimas semanas, cuando el frío pegó más fuerte y el precio de las garrafas se disparó.“Con la inflación y la gente sin trabajo, hay en este sector muchos albañiles y también unos cuantos petroleros que antes tenían trabajo y ahora no, que necesitan y entonces vienen”, contó Martín. Su compañera agregó que también recibieron una demanda mayor de mamás solas, que son cabeza de familia.

Martín explicó que, además de la documentación para demostrar que no tienen recursos, en cada caso controlan que vivan en el barrio. “Por ahí pasa que dan una dirección que no es para tener más de un bono y sólo se permiten dos al mes en casos especiales, cuando hay certificado médico”, remarcó.

Ambos indicaron que, con el nuevo recorrido, los vecinos deben caminar como máximo 15 cuadras. “Pero tienen que estar atentos; el que llega tarde pierde y tiene que irse hasta otro barrio o a la planta”, aclararon. Eso o esperar una semana más con la garrafa vacía.

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