Tenía dos condenas por violación y un juez lo dejó salir en libertad condicional. Y no sólo esta vez volvió a violar. También mató.
El crimen de Micaela García, la joven de 21 años, volvió a conmocionar a un país que está asqueado de femicidios y que, pese al clamor popular para reclamar justicia, mira aterrado cómo los crímenes se siguen repitiendo una y otra vez.
El de Micaela se podría haber evitado si el juez que liberó al violador hubiera tenido en cuenta un informe de la penitenciaría donde estaba preso que desaconsejaba dejarlo en las calles. Sin embargo, el asesino hubiese salido en libertad, cuando terminara el tiempo de su condena. Era una cuestión de tiempo.
Se sabe por las estadísticas que la mayoría de los violadores y abusadores son reincidentes porque padecen una patología que los lleva a cometer este tipo de atrocidades, más allá de la comprensión del delito.
En Neuquén la sociedad lo vivió en carne propia con el ataque sexual que sufrieron dos jóvenes que hacían ejercicio en Parque Norte, a plena luz del día. Cuando detuvieron al agresor, todos se asombraron al saber que el delincuente había sido condenado en dos oportunidades por los mismos delitos. Había abusado, había sido encerrado, pero otra vez estaba en la calle esperando nuevas víctimas.
Más allá de los argumentos jurídicos, las decisiones de los jueces y lo que dice el Código Penal con respecto a los delitos sexuales, habría que reavivar la pregunta que se hace la opinión pública cada vez que ocurre una violación como la que nos sacudió ayer. Y habría que hacerla sin tapujos: ¿Qué hacemos con estos tipos?
Neuquén sufrió en carne propia el abuso de dos jóvenes por parte de un violador reincidente.


