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¿Qué vinos probar para descubrirla?

La uva conocida como Criolla Chica abre un panorama de los vinos ligeros. El mote de falso Pinot no le hace del todo justicia e invita a probar nuevos sabores.

Buenos ejemplares de Criolla Chica en nuestro país ofrecen Cara Sur 2019, Vallisto Extremo 2020, Valle Arriba La Criollita 2019, Sunal Ilógico 2019, Cadus Signature Series 2019. De Chile, en cambio, buenas botellas para probar este verano, son: Bouchon País Salvaje 2019, País Santa Cruz de Coya 2018 y A los Viñateros Bravos La Resistencia 2019.

Hay un puñado de vinos en el mercado que están enamorando paladares. Son tintos delgados, con cierto paso apretado de taninos, que en aromas ofrece un plan que va de la tierra húmeda a la frutilla, pasando un trazo apenas herbal. Si pensaste en que hablamos de Pinot Noir, estás equivocado: hablamos de una uva conocida como Criolla Chica en nuestro país, mundialmente nombrada como Listán Prieto, una suerte de falso Pinot Noir.

¿Por qué falso? Porque elaborado en estilos como el que mencionábamos más arriba puede pasar por un Pinot. Pero lejos de serlo, la Criolla Chica es hoy una uva tinta que abre el panorama de los vinos ligeros. Particularmente en el norte, donde está muy difundida. Pero primero es lo primero: ¿de qué hablamos cuando hablamos de Criolla Chica?

De Listán a Criolla

En la saga de los vinos americanos en tiempos coloniales, el Listán Prieto hilvana a todos los países productores. Sólo que en cada país toma un nombre diferente: uva País en Chile, Mission en California, Negra mollar en Perú, Criolla Chica en Argentina, por citar algunos ejemplos.

Originaria de España, los historiadores aún debaten si llegó al continente desde Canarias, donde en tiempos de Colón los barcos repostaban alimentos y donde está muy cultivada, o si en rigor entró desde el continente en los mismos barcos. Cualquiera sea el caso –aunque el primero está bien fundado–, lo importante es que el Listán Prieto llegó a América y se difundió notablemente, como también lo hizo la Moscatel de Alejandría, su par blanca.

Ambas son variedades antiguas en términos de historia. Pero lo más importante para la uva Listán, es que resulta muy rústica y plástica; tanto, que se adapta a climas tan diversos como Ica, en el desierto de Atacama, a la región del Bio Bio en Chile, y encontró en los valles del norte de Argentina, pero también en cuyo y Río Negro, terreno fértil para prosperar.

Como sucede a menudo en el mundo del vino, el uso y las costumbres definen los nombres de las cosas. Plantada en los patios de las casas, a la vera de la ruta y trepándose a añosos troncos de algarrobos, el Listán Prieto perdió su nombre y se transformó en una uva tan criolla como mate, aunque no lo es.

Sinonimias aparte, en estos últimos años la Criolla Chica volvió al ruedo de la mano de productores con ganas de experimentar otro universo de sabores. Ahí es donde entró a tallar el Listán: de natural poco color –aunque puede ofrecer mucho bien tratada–, fue la paleta aromática exótica que combina la fruta roja con la tierra húmeda y cierto trazo de herbal, sumado a un paladar ligero, lo que sedujo a los productores primero y luego a los consumidores que las descubrieron de su mano.

El ascenso de la Chica

Si uno mira el mercado del vino desde el punto de vista estilístico hay, por un lado, un pelotón de tintos frutales y potentes, con buen cuerpo, donde están casi todas las variedades francesas. Y en el otro extremo, el Pinot Noir, delgado y ligero, que ahora comparte espacio con la Criolla Chica.

Pero si hasta hace una década estaba considerada una uva clase B –con un criterio indubitablemente galo, que discrimina como buenas incluso a las variedades italianas o españolas– la exploración estilística lo trajo de nuevo a la palestra. En eso, el trabajo de los productores del sur de Chile y del Norte de argentina, es notable. A ellos se suman, claro, algunos más en Mendoza.

Del Maule al Bio Bio, por ejemplo, la País es cultivada en el secano costero –sin riego– y sobre suelos graníticos o volcánicos que le dan unos taninos recios que, bien trabajados, aportan un carácter definido al País (Listán). Mientras que en los Valles Calchaquíes, con temperaturas mayores y mayor insolación, esos taninos pierden parte de su protagonismo, aunque lo gana la acidez. En eso, la altura hace lo suyo, como sucede en Calingasta, San Juan, o en Tupungato, Mendoza, de donde provienen también algunas buenas criollas.

Más allá del origen, lo importante es el valor estilístico de la variedad a la hora de definir perfiles de vinos poco visitados en la góndola. Y si bien el mote de falso Pinot Noir no le hace del todo justicia, al menos describe claramente el modelo del vinos del que hablamos. ¿Cuáles probar? La clave está en el recuadro.

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