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La Mañana

Sacerdote Pedro Giacomini: profunda vocación religiosa

Una vida colmada de sacrificios siguiendo las huellas luminosas de Don Bosco.

Por VICKY CHÁVEZ

Era uno de los hijos de don Pedro Giacomini (1869-1941) y doña María Calimán (1875-1935), matrimonio consumado en Pordenone, provincia de Udine, en el Véneto. Llegaron a la Argentina con sus hijos Lorenzo, Juanita, Victorio y el recordado Pedro, mientras que aquí nacerían los demás.
Pedro nació el 16 de abril de 1904 en su pueblo natal. De muy niño, ya en nuestro país tomó conocimiento de la Obra de Don Bosco a través de Misioneros Salesianos que habían arribado a la Patagonia a propagar la fe cristiana.
Cautivado por la vocación salesiana y sacerdotal, decidió ingresar en las filas de Don Bosco.
 
La obra de Don Bosco
San Juan Bosco, luego de ordenado sacerdote y después de una serie de vicisitudes, empleó todas sus energías en organizar y mejorar la educación de los jóvenes, fundamentando su espiritualidad en cuatro valores trascendentes: la eucaristía, la Virgen María, la Iglesia y la fidelidad al Santo Padre. Con ese espíritu, y tomando como modelo a San Francisco de Sales, fundó la congregación de los salesianos -cuyo nombre recuerda a aquel santo- dedicada a la educación de los jóvenes de todo el mundo.
No es casualidad la presencia de los salesianos en la Patagonia. San Juan Bosco, el sacerdote italiano que creó la misión de los salesianos hoy dispersa por todo el mundo, tuvo, a lo largo de su vida, una serie de sueños proféticos que lo decidieron a enviar misioneros a nuestro territorio austral, todavía escasamente poblado. Los salesianos han tenido una extraordinaria difusión en el sur patagónico, siendo esta congregación, dedicada especialmente a la educación de los niños y de la juventud, pionera en los más inhóspitos lugares de aquella región, donde su obra misionera también se destaca en la evangelización y cristianización de la población.
El 31 de enero de 1963, San Juan Bosco fue designado Patrono de la provincia del Neuquén.
 
El Padre Pedro
El 4 de febrero de 1917 recibió el hábito clerical de manos del Superior Salesiano de las Misiones de la Patagonia, Padre Luis J. Pedemonte. Tres años más tarde consagró su vida a Dios, de acuerdo con el estilo de Don Bosco con la profesión religiosa.
En Turín estudió Filosofía y Teología y obtuvo el grado de Doctor.
En 1929, el Cardenal José Gamba lo ordenó sacerdote en la Basílica de María Auxiliadora de Turín.
 
Su carrera en la Argentina
Cuando terminó los estudios en Italia, los Superiores lo nombraron Director del Colegio San Pedro de Fortín Mercedes, institución centro de formación de toda la Patagonia, y conjunción de afectos de todos los Misioneros.
Su pujante acción apostólica, en bien de una obra providencial, hizo que su acción incluyera a las poblaciones de los alrededores.
 
El arribo a Neuquén
Cuando terminó la tarea en Fortín Mercedes, se le encomendó la misión de Vicario Foráneo y Párroco de Neuquén, cargo que ejerció durante dos años.
Pareciera que ese brevísimo tiempo estuvo signado por la Providencia Divina ya que pudo acompañar en sus últimos momentos a su madre.
 
Ascendente carrera eclesial
El Rector Mayor de los Salesianos lo nombró, en 1939, Inspector de la Inspectoría de San Miguel, con jurisdicción sobre la Patagonia Austral Argentino-Chilena. Casi simultáneamente, La Santa Sede lo designó Administrador Apostólico “Sede Vacante” del Vicariato Apostólico de Magallanes (Chile).
Monseñor Pedro Giacomini, cuando tenía 34 años de edad, se multiplicaba en medio de dos difíciles tareas: Superior de una Inspectoría binacional (Argentina y Chile) y Prelado de la Iglesia de Chile, en una acción pastoral eclesiástica y salesiana.
Es así como luego de nueve años de Administración formó una diócesis que tuvo su primer obispo chileno.
En febrero de 1946 se realizó el Congreso Eucarístico Nacional de Magallanes en Punta Arenas, con ello se terminó una etapa histórica del catolicismo regional.
 
Gran lector
Fue un gran lector de obras de carácter histórico, geográfico y científico sobre Magallanes y la Patagonia. Además poseía una notable capacidad de observación y una aguda percepción de los cambios que a futuro se iban a imponer.
Escribió en revistas científicas de Chile y Argentina acerca del porvenir de Magallanes, y soñaba con la formación de una Academia Científica Magallánica, germen de una futura Universidad Salesiana del Sur.
 
Inspector Salesiano de Ecuador
En 1948 fue nombrado Inspector Salesiano de Ecuador. La primera preocupación como Superior y Padre fue la cualificación del personal salesiano y la renovación misionera, que estuviera orientada eficazmente en la evangelización y promoción del habitante originario.
 
Regreso a Buenos Aires y a Bahía Blanca
Cuando estuvo de regreso en Buenos Aires, en 1952, se abrió un nuevo capítulo en la vida del Padre Giacomini: se dedicó al periodismo salesiano. Las Lecturas Católicas -fundadas por Don Bosco- necesitaban un “aggiornamiento”. La revista mensual “Cruz del Sur” fue la respuesta que el Padre Giacomini dio a las nuevas exigencias de los tiempos y durante quince años la dirigió.
En 1967 regresó a Bahía Blanca donde ejerció las tareas de Director del Colegio Don Bosco y Vicario Inspectorial.
Los últimos años los volcó a la dirección espiritual del Instituto Secular “Madre Mazzarello”, en donde encontró el medio providencial  para hacer de su ancianidad el apostolado patriarcal que su alma necesitaba.
 
La espiritualidad del Padre Pedro
Era un hombre que irradiaba paz inalterable y profundamente cristiana.
Tenía un optimismo invencible y espontánea alegría; alegría que se comunicaba con la mayor naturalidad en el chiste, la ocurrencia graciosa, su habilidad para encontrar siempre el lado bueno de las cosas. Su optimismo lo llevaba a animar, alentar, consolar, aceptar y tener una actitud abierta y positiva ante el futuro.
Se destacó en los distintos campos del ministerio en que le cupo actuar: desde la docencia a la predicación y confesión, desde la prensa a la animación de sus hermanos como Superior. Pero actuaba movido por aquella caridad pastoral que manaba constantemente de la Fuente, de la que él se abrevaba todos los días y a la que permanecía constantemente unido.
Su caridad se expresaba a través de la donación de sangre, que había afectado a su salud; su capacidad para  perdonar y olvidar; su trato bondadoso que le granjeó muchos amigos; su permanente disponibilidad para el ministerio sacerdotal (en sus últimos años, ya con su salud resentida, insistía en ir a confesar a una Capilla de Barrio).
 
Escrito de la Comunidad Inspectorial de Bahía Blanca
El 24 de junio de 1982  falleció el Padre Pedro Giacomini. Para despedirlo, la Comunidad Inspectorial de la ciudad de Bahía Blanca elaboró esta síntesis de su vida que nos sirvió como fuente para estudiar su prolífica vida.
El fundamento último de su espiritualidad fue su filial abandono en las manos de Dios.
De allí deriva su paz, su alegría, su celo apostólico.
Monseñor Pedro Giacomini fue arquetipo de un grupo de religiosos salesianos que, en la impronta de Monseñor José Fagnano, consiguió  poner en práctica la formidable tarea inspirada por San Juan Bosco: la evangelización de las tierras patagónicas.
Sacerdote bueno y ejemplar, dio a la Iglesia, con el estilo de Don Bosco, todo su amor hecho caridad, y una vida consagrada en constante proyección de noble amistad hacia todos.
Hoy lo recordamos  por ser hijo de pioneros arribados a estas tierras en 1912 de manos del ferrocarril, y  porque  ha dejado su simiente en sus sobrinos, descendientes directos de su hermana Luisa Giacomini de Franzán.

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