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La Mañana

Umberto Eco tenía razón

Cuando uno ve los programas de panelistas que tanto están de moda, inevitablemente se hace la pregunta de hasta dónde realmente conviene ser equitativo a la hora de darle participación a cada una de las 10, 12 o 15 personas que opinan sobre un tema.

Haciendo zapping el viernes a la noche, me tropecé con uno de estos programas que hablaban de los huracanes y los terremotos, dos temas que mantienen en vilo a la opinión pública de todo el mundo.

El conductor abrió el programa con “un tema que seguramente generará polémica”. “Los huracanes, los terremotos y el cambio climático”. Y comenzó a citar a los panelistas que tenía de invitados. Algunos periodistas, dirigentes, políticos, famosos y un meteorólogo que especialmente había sido convocado para dar su opinión. El científico comenzó aclarando algo que parecía obvio y que, sin embargo, todos daban por sentado sin ningún sustento. Dijo que los terremotos no tienen nada que ver con el cambio climático, lo que generó un profundo silencio en el estudio. Y cuando quiso profundizar su explicación, el conductor lo cortó porque ya había superado la cantidad de minutos.

El resto de los panelistas (sin información y con opiniones hasta disparatadas) se despachó con teorías insólitas. El meteorólogo quiso interrumpir para aclarar, pero cuando le dieron espacio volvió a ser cortado.

Decía el filósofo Umberto Eco, al referirse a las redes sociales, que este fenómeno moderno le da la misma voz al tonto del pueblo que a un premio nobel. El mismo concepto podría aplicarse a estos formatos de televisión berreta que lo único que hacen es generar confusión en los temas que deberían tratarse con seriedad.

¿Hasta dónde es obligatorio democratizar el espacio en los programas de debate si hay invitados de lujo?