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La Mañana

Una Justicia que nos condena

La absolución del culpable es la condena del juez. Dos mil años tiene esa frase. Cualquiera que aspire a ese lugar de privilegio en la sociedad, con grandes sueldos y grandes responsabilidades, sabe la parte que le toca cuando libera a un sujeto que violó la ley. Y si lo que esos tipos violaron fueron mujeres y niños, ¿qué condena debería caberle al que los deja libres antes de cumplir su pena?

Al femicida de Micaela le anticiparon la libertad porque, parece, se portaba bien en la cárcel. Re bien. Ahí, donde no tenía mujeres cerca de las que abusar, hizo buena letra y era un preso modelo. Conmovido por esa increíble evolución de convivencia con sus pares, el juez Carlos Alfredo Rossi entendió que había aprendido de sus dos violaciones (una tercera no se le pudo comprobar porque acusó a su gemelo, que tiene el mismo ADN), desoyó los informes oficiales que alertaban sobre el peligro que estaba por mandar a la calle y le abrió las puertas de la prisión un par de años antes. Libre, suelto en su selva, violó y mató.

Todavía golpeados por la indignación que desató el caso, se supo ayer que otro violador recibió un beneficio judicial para salir antes de la cárcel a la que lo mandaron sus horrendos crímenes. Al padre Julio César Grassi, ahora con condena firme desde el 27 de marzo, se le aplicaría la “ley del dos por uno”, derogada en 2001 pero vigente cuando el cura abusó sexualmente de varios menores a los que decía proteger. Su premio será 1 año, 9 meses y 20 días menos entre rejas. Mucho antes, podrá solicitar salidas anticipadas, y al cumplir los dos tercios de la pena, acceder al beneficio de la libertad condicional. Sabe Grassi que portándose como un caballero con sus compañeros de prisión y con una cuotita de suerte, algún colega de Rossi se la firmará sin dudar.

¿Qué condena les cabe a quienes dejan libres antes de cumplir su pena a violadores de mujeres y niños?