Por Daniel Ramazzotti
El intendente Juan Carlos Fernández atraviesa un momento difícil que hace que deba poner sobre la mesa no sólo todo su temple, sino su capacidad de reacción y cintura política.
Sucede que, por un lado, en el Concejo Deliberante la oposición tiene en jaque al presidente de dicho cuerpo, Julio Obeid, a quien inició un juicio político que podría tener consecuencias inesperadas, aunque para muchos sólo será un tirón de orejas para el avezado dirigente político, pero novel edil. A esto se suma que su secretario de Gobierno, Guillermo Carnaghi, también quedó involucrado en dicho juicio político en calidad de participe de las acciones que determinaron la puesta en marcha de lo establecido por el artículo 44 de la Carta Orgánica municipal, motivo por el cual ayer fue citado a declarar ante los ediles que llevan adelante el proceso antes mencionado.
Por otro, Fernández vive momentos más que dolorosos en el plano familiar ya que uno de sus hijos, Juan Marcos, y la esposa de éste, Analía Godoy, aparecen ligados en los acontecimientos que terminaron con la muerte del sargento ayudante José Aigo, causa que ya trascendió las fronteras provinciales y nacionales, para llegar incluso hasta el propio gobierno chileno.
El hijo del intendente era quien manejaba la camioneta en la que se trasladaban quienes por estos días son las personas más buscadas de la provincia, ya que uno de ellos sería quien disparó contra el uniformado. Tras haber declarado en la Justicia, el magistrado actuante entendió que el hijo del intendente sólo fue testigo del lamentable hecho. Sin embargo, una semana después dispuso la detención de la esposa del joven, quien no estaba en el lugar de los hechos, pero que si habría cometido el delito de encubrimiento y falso testimonio. Como si fuera poco, la Justicia ordenó el allanamiento de la casa del jefe municipal, provocando un golpe que sacudió al intendente y a su entorno, ya que hasta el miércoles a la noche nada hacía prever una situación de estas características.
Fernández asegura que su familia nada tiene que ocultar. “Si hasta incluso aportamos fotos de quien sería el gatillero que terminó con la vida del policía Aigo”, indicó el intendente.
Para muchos Fernández no podrá soportar la presión que el caso ejerce sobre él, por lo que no sólo se tomará licencia por razones familiares, sino también políticas.
Quienes lo conocen de cerca afirman que esta decisión ni siquiera pasa por la mente del intendente y que el caso -según afirma el propio jefe municipal- ya tiene ribetes de intencionalidad política, por lo que estas acciones sólo lo harán más fuerte.
Por otra parte, en caso de que Fernández decida alejarse unos días de su cargo, su reemplazante sería el hoy investigado Obeid, situación que haría que la oposición ponga nuevamente el grito en el cielo.
Como si esto fuera poco, el cuerdo político comenzó a mostrar algunas grietas, al menos en lo que a los integrantes del Concejo Deliberante se refiere, cuestión que suma otro dolor de cabeza al por estas horas consternado jefe municipal.
La pregunta que flota en el aire es si más allá de su templanza y hombría de bien, realmente el jefe municipal no debería analizar la posibilidad de dar un paso al costado hasta que baje el nivel de la marea, para dedicarse así de lleno al problema que sin lugar a dudas le quita el sueño, enfrentando de esta forma, desde otro lugar, lo que entiende es una clara intencionalidad política para perjudicarlo. ¿Sería más fácil desde el llano dejar al descubierto dicha maniobra? El jefe municipal asegura que no.


