Valen oro: sostienen con sus sueldos un comedor en el oeste

El matrimonio Urbina ayuda a cientos de pibes en Almafuerte II. Creen que la solidaridad vale la pena.

Alejandro Olivera

olivera@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Él es un taxista de 44 años y ella es una empleada doméstica de 36. Son la familia Urbina y cada sábado les dan la merienda a más de 40 chicos en el barrio Almafuerte II, una tarea que por mes les demanda el 50 por ciento de sus sueldos.

La actividad comenzó como un comedor escolar que llegó a albergar a 27 niños con distintas necesidades. Con el correr del tiempo, varios empezaron a faltar y el matrimonio comenzó a preocuparse. Para los chicos era complicado trasladarse hasta el lugar, por lo que la pareja lo mudó hacia el oeste.

“Fue muy difícil encontrar un lugar donde darles de comer”, recordó Carlos. “Muchos merenderos nos rechazaron y algunos otros nos ofrecían el lugar a cambio de hacer ‘negociados’ con donaciones del Estado”, razón por la que hoy el comedor no tiene techo.

En medio de la meseta, los Urbina se las ingeniaron para improvisar un lugar donde cocinar.

Sin embargo, para realizar las actividades dependen del clima, por lo que los días de viento o lluvia deben hacer un esfuerzo aún mayor.

En tal sentido, Carlos destacó que los niños se acercan con botellas de plástico para poder llevarse la chocolatada y disfrutarla en su casa. Una clara señal de lo que significa para ellos poder tomar la merienda.

Asimismo, no sólo se dedican a darles de comer, también les enseñan las virtudes del trabajo y la educación. “Les enseñamos el Evangelio para que sepan que con estos valores alguien les va a dar una mano”, detalló. También, los incentivan a jugar, ya que consideran que es “lo que los niños deben hacer”.

Muchos de ellos hablan como adultos, ya que viven realidades que los exponen a un mundo cruel. Algunos pasan sus tardes en la calle, por lo que llegan a tener una independencia llamativa y sus modales son malos.

Cómo sumar una necesaria colaboración

Si bien la ayuda que Carlos y su mujer les dan a los chicos es a pulmón, muchas veces eso no alcanza. Es que el lugar donde brindan el servicio no está protegido por paredes ni techo, están a la intemperie.

Por eso, si hay viento o llueve, deben suspender sus actividades o hacerlas rústicamente, ya que quedan completamente desprotegidos. Además, a veces no alcanzan a costear los gastos para darles de comer a los niños.

“Necesitamos que cualquier persona que pueda nos dé una mano”, expresó. El comedor necesita ropa y zapatillas para niños de entre 1 y 14 años, alimentos no perecederos, frazadas y cualquier tipo de elemento de construcción que sirva para levantar un lugar donde estén protegidos de las inclemencias climáticas.

Los interesados se pueden comunicar al (299) 155286805.

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