Mientras el gobierno avanza en la multiplicación de las rutas y las compañías aéreas, se produjo una de las peores tragedias viales de los últimos tiempos en el país protagonizada por un micro en la Ruta Nacional 7, en Mendoza, camino a Chile.
¿Qué tiene que ver? Por un lado, una mayor oferta aérea debería ayudar a descomprimir el tránsito vial, puesto que Argentina es uno de los países de la región donde menos se viaja por aire. Por otro lado, el Ministerio de Transporte de la Nación tendrá a su cargo habilitar y controlar a las empresas de aviación que ingresen al mercado argentino de cabotaje y hacia países limítrofes. El mismo organismo, a cargo de Guillermo Dietrich, es el principal responsable de controlar a los micros de larga distancia, como el colectivo de la empresa chilena TurBus que se estrelló en la localidad cordillerana de Horcones con un saldo de 19 muertos y decenas de heridos. Después del siniestro se destapó una olla hedionda: los micros que hacen habitualmente la ruta a Chile corren carreras por la ruta en la alta montaña para llegar antes que la competencia a los controles aduaneros y así reducir el tiempo de espera en el paso fronterizo. Los pasajeros habitué conocían la situación e incluso planteaban sus quejas mientras asistían a las carreras de micros. Los funcionarios también sabían, pero no actuaron.
Las nuevas rutas aéreas serán cubiertas por empresas que se promocionan como más accesibles por sus precios que las que vuelan en la actualidad. Los controles no deben seguir ese criterio si no se quiere que la aviación repita la suerte de los micros, que están desregulados desde los 90.
El ministerio que controla los micros debe controlar los vuelos de las nuevas líneas aéreas que se inaugurarán.


