A las 20:54 del 31 de agosto de 1999, el vuelo 3142 de Líneas Aéreas Privadas
Argentinas (LAPA) intentó despegar con destino a la ciudad de Córdoba, pero un
desperfecto le impidió levantar vuelo.
La aeronave se fue de pista, arrasó el terraplén del Aeroparque Jorge Newbery
de
Ese siniestro ocurrió apenas dos años después de que un DC 9 de Austral se
pulverizara en terrenos de la ciudad uruguaya de Fray Bentos, en lo que fue la
peor tragedia de la aviación nacional -aunque fuera del país- y murieron sus 74
ocupantes.
La crónica del accidente de LAPA puede comenzar a narrarse desde la tarde del
31 de agosto de 1999, cuando el comandante Gustavo Weigel, de 45 años, arribó
al aeroparque una hora antes del vuelo 3142 que debía trasladar 95 pasajeros y
5 tripulantes al Aeropuerto Ingeniero Taravella de Córdoba.
Junto a su copiloto Luis Etcheverry, de 31 años, hicieron un repaso de las
condiciones meteorológicas, decidieron los aeropuertos alternativos y la
cantidad de combustible necesario.
Según reveló luego la caja negra, el comandante, el copiloto y la comisario
Verónica Tanto, comenzaron a conversar sobre infidelidades y amores fugaces
mientras las dos auxiliares de a bordo acomodaban a los pasajeros.
La comisario se retiró y ambos pilotos comenzaron la lectura de la lista de
control de procedimientos mientras seguían conversando de otros temas.
El imprescindible y obligatorio chequeo de rutina de los sistemas del avión,
intercalado con charlas personales, los hizo omitir cinco controles: entre
ellos un sistema integral de alarmas, las puertas de la cabina y los flaps
(alerones ubicados en las alas, que dan sustentabilidad al despegue).
A las 20:53 comenzaron a ejecutar las maniobras de despegue en la cabecera
norte de la pista 13 cuando una alarma se encendió en la cabina: los flaps no
se habían activado y ese beep seco y repetido se los alertaba.
El comandante y el copiloto se preguntaron por el ruido pero no le dieron
crédito -ya que había sonado erróneamente en muchas otras oportunidades-,
mientras el avión comenzó una vertiginosa carrera de 35 segundos sonorizada por
el loop de alarma.
Con los flaps retraídos, la aeronave superó la "velocidad de
decisión" -durante la que es posible abortar el despegue- e intentó el
salto imposible: apenas pudo levantar unos metros, volvió a caer, siguió su
marcha, chocó con obstáculos, salió del aeroparque, aplastó a un vehículo que
circulaba por la avenida Costanera y finalmente embistió contra un terraplén de
la cancha de golf de Punta Carrasco.
Con sus alas partidas y derramando combustible, el Boeing 737 comenzó a
incendiarse en su costado izquierdo, mientras que los pasajeros no podían abrir
las puertas y empezaron a descender por una zona quebrada del fuselaje y por la
puerta trasera izquierda que una auxiliar de a bordo logró abrir. Sólo pasaron
segundos hasta que el avión estalló.
A diferencia de otras catástrofes nacionales como el estallido del autobomba en
la sede de
A los cinco minutos del accidente llegó la primera ambulancia del SAME, los
hospitales Fernández, Rivadavia, Argerich, Pirovano y el de Quemados estuvieron
preparados para atender a las víctimas, los bomberos de
A las 22:00 se juntaron en Punta Carrasco el presidente Carlos Menem, el
ministro del Interior, Carlos Corach; el jefe del Gobierno porteño, Fernando de
Recién a la medianoche, la compañía aérea emitió un comunicado donde solo
informó la hora del accidente y 20 horas después del accidente el presidente y
dueño de LAPA, Gustavo Andrés Deutsch, dio una conferencia de prensa en la que
defendió a cada una de las partes involucradas: "El piloto era uno de los
mejores de la compañía" y el avión "tiene la seguridad necesaria;
(pero) los accidentes pasan", dijo el empresario.
El lugar del accidente emulaba la peor escena cinematográfica: un caos de
partes dispersas de la aeronave, de hierros retorcidos, sirenas constantes,
canales de televisión buscando la primicia y cientos de personas que se
acercaban a pedir información de las víctimas.
En ese marco, un cronista mostró la patente CJJ-482 del auto Chrysler Neón
aplastado, mientras que del otro lado de la pantalla, una mujer con su hijo se
enteraban de que era el coche de su esposo: Oscar Ramonino y su compañera de
trabajo Andrea Grilli, quienes murieron en el acto.
Fallecieron 63 de las 100 personas que iban a bordo -entre ellos, el
comandante, el copiloto y la comisario-, las dos azafatas (Cristina Iglesias y
María René Antolín) lograron sobrevivir y se registraron más de 40 heridos de
distinta gravedad.
Las investigaciones efectuadas concluyen que si bien existió una severa culpa
del piloto, no se puede adjudicar exclusivamente el accidente a un error
humano, ya que la política de mantenimiento de aviones, el abaratamiento de
costos, la falta de controles internos y la indisciplina estructural de LAPA
-por ejemplo, el comandante tenía su licencia vencida-, como también la falta
de controles de


