Estados Unidos. Helen Reynolds, una anciana de 88 años, fue asaltada y estuvo a punto de ser violada. Sin embargo, sólo con una frase convenció al delincuente para que no lo hiciera. “Le dije que tenía VIH (sida) y que mi esposo había muerto por esa causa. Cuando lo escuchó, se fue de mi casa”, relató la mujer, quien admitió que su dramática ocurrencia era mentira y que el objetivo, en definitiva, fue exitoso: el ladrón escapó del lugar.
Más allá de este final que tiene cierta gracia, Helen pasó un momento muy feo en su departamento de Parkesburg, Pensilvania. El hombre había ingresado a su casa engañándola (como ella lo haría con él después) diciéndole que era un trabajador del condominio en el que vive. Ahí comenzó la pesadilla. El delincuente estuvo en la vivienda durante tres horas buscando dinero y objetos de valor, mientras mantenía a Helen atada con cinta adhesiva. Ella trataba de ablandarlo: “¿Le harías esto a tu madre?, ¿te gustaría que alguien la molestara así a tu madre?”, le preguntó cuando tuvo la oportunidad. Pero lejos de enternecerse, el hombre siguió buscando y como sólo encontró 40 dólares, se enfureció y se dispuso a violar a la señora. Cuando escuchó sobre su “enfermedad”, huyó.
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