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La Mañana

Aquel nombre misterioso

Hoy la localidad de Andacollo mantiene profundos lazos con muchas comunidades chilenas.

Curiosa la historia de Andacollo, pequeño pueblo neuquino que ayer cumplió 107 años. Pocos saben que la raíz del nombre de esta localidad se encuentra en Chile, a mediados del siglo XVI.

Cuenta la leyenda que La Serena, segunda ciudad del continente trasandino de ese entonces, fue incendiada y destruida por completo en 1549 a raíz de una rebelión de nativos de Copiapó y frente a este ataque que los españoles huyeron hacia el sur en busca de refugio. En ese camino escondieron una imagen de la Virgen María en un pequeño asentamiento indígena con origen incaico.

Se dice que uno de los indios llamado Collo encontró la imagen y en un momento escuchó una voz celestial que le decía: “Anda, Collo, invita a tu pueblo a conocerme y a conocer el verdadero Dios”. Así fue que el hombre llevó la imagen de la virgen para rendirle culto en una asociación espiritual con la Pachamama y que a partir de allí la devoción por esta imagen religiosa se hizo tan grande que se construyó una casa que terminó convirtiéndose en una capilla alrededor de un asentamiento que luego fue denominado con aquel mandato divino: “Anda Collo”.

Más allá de que la etimología de la palabra está discutida (algunos creen que proviene del quechua que quiere decir “brillante en las alturas”), el pueblo con mucha riqueza minera creció y se expandió.

Muchísimos años después, a principios del siglo XX, pirquineros chilenos oriundos de esa localidad cruzaron la cordillera hacia el norte neuquino para ponerse a trabajar en la riqueza aurífera de la zona y fundaron una localidad. Primero la denominaron Cañada de Durazno, pero no los convenció. Por eso optaron por Andacollo, aquel nombre raro que todavía encierra tanto misterio.