Bañistas desafían al Limay aunque pueda costarles la vida

Cada vez son más los que se tiran en lugares no habilitados.

Por Mario Cippitelli - cippitellim@lmneuquen.com.ar

Los carteles de advertencia de que el lugar es peligroso abundan y hasta se repiten con distintas recomendaciones. Y la imagen del Limay que pasa inmenso y con toda la fuerza no hace otra cosa que validar tales consejos.

Pero hace calor y los casi 34 grados de temperatura parecen desdibujar dichas señales en la costa, por más de que se trate de uno de los lugares más peligrosos para darse un chapuzón.

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La Isla Verde, ubicada a continuación del populoso balneario Sandra Canale, es un sector muy concurrido durante el verano, especialmente los fines de semana.

En la costa se ven pequeños campamentos improvisados en los que se instalan familias, parejas y amigos para pasar buena parte del día. La vegetación del lugar ayuda a sobrellevar el calor, pero la tentación del agua se vuelve irresistible.

Bordeando esa porción de tierra, alejada de la mirada del servicio de guardavidas, se observan visitantes de todas las edades, aunque predominan los jóvenes que parecen no tenerle miedo al río.

“Siempre hay gente que se mete del otro lado por más que sea un lugar peligroso”, reconoce un vendedor de helados que tiene su lugar de venta en el balneario. “¿Y por qué se meten si es tan peligroso?”, la pregunta obligada. El hombre, con la cara curtida por tantas tardes de sol, encoge los hombros y esboza una sonrisa: “Vayan a ver”.

Audacia

En el otro de la isla, la correntada es realmente intimidante. Si bien se ve menos gente metiéndose al agua, hay quienes desafían al río una y otra vez.

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Tal es el caso de un muchacho de unos veintitantos que camina unos metros con el agua hasta las rodillas y sube a una piedra enorme que está a un metro y medio de la costa. Después de unos segundos de hacer equilibrio y observar el río, se arroja. En efecto, la fuerza que trae el Limay es tan fuerte, que lo arrastra en cuestión de segundos como si fuera un papel. El joven bracea una y otra vez con cierta dificultad hasta que logra volver a un lugar seguro, aunque muchos metros río abajo. Esa acción la repetirá varias veces más durante la tarde. Lo importante es darse un chapuzón que contrarreste los efectos del sol.

La audacia de muchos bañistas o la ausencia de miedo se ven reflejadas diariamente en la cantidad de rescates que se producen a lo largo de la costa. Los guardavidas no dan abasto. Hacen recomendaciones, hablan con los visitantes, pero de poco sirven los consejos. Es más, muchas veces tienen que lidiar con aquellos que toman como un desafío cruzar el río en la parte más profunda y hasta que no lo logran, no paran.

Dos y tres veces

El secretario del Sindicato de Guardavidas, Ariel Tarifeño, asegura que más de una vez tuvieron que rescatar a la misma persona dos y hasta tres veces el mismo día, y recuerda una anécdota insólita ocurrida el año pasado. Un hombre le hizo la promesa a la madre de que cruzaría el río de noche. Los bañeros intentaron convencerlo de que no lo hiciera, pero él no los escuchó. Finalmente, tuvieron que quedarse fuera del horario de trabajo hasta que cumpliera dicha promesa. Esperaron a que cruzara y que volviera, siempre atentos ante la alta posibilidad de que terminara en tragedia.

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Remolinos, canaletas, pozones, correntada. El Limay pasa engañosamente manso y seduce con su frescura a miles de personas que concurren a los balnearios todas las temporadas. Las visitas son cada vez más masivas. Por eso hay sectores que prácticamente no tienen lugar para que siga llegando gente. Los días de calor apenas si quedan espacios reducidos en la costa.

Según Tarifeño, ese es uno de los motivos por los cuales muchos optan por ir a los lugares que no están habilitados, aunque eso no justifica la imprudencia de arrojarse al agua en tramos más que peligrosos. “La gente no toma conciencia, ni siquiera cuando está con chicos”, reflexiona.

En la calle Linares al fondo, un matrimonio con tres hijos pequeños chapotea en apenas una porción de costa, poco antes de que el Limay gire en una curva y deje de convertirse en un brazo tranquilo. En ese sector no hay servicio de guardavidas. A muy pocos metros del camping improvisado que armó la familia, cuatro enormes remolinos circulan despacio contra la corriente, como si la densidad del agua fuese distinta. Giran pesados y lentos, con un color verde oscuro que denota una profundidad que parece infinita.

“Nos metemos un poco, no mucho”, dice el joven padre mientras sale del agua de la mano de uno de sus hijos que no tiene más de 5 años.

El termómetro marca poco más de 34 grados y el sol no tiene piedad con nada que no esté a la sombra. El polvo en suspensión que deja el paso de los autos hace que la sensación de calor sea mucho más agobiante.

Mucho más alejados de ese sector, ya con el río abierto en su última parada hasta juntarse en la confluencia con el Neuquén, decenas de bañistas nadan, se ríen y juegan en el agua, sin importarles que el lugar no esté habilitado o que no tengan alguien que los cuide o los rescate en caso de que ocurra algo inesperado que pueda terminar en tragedia.

Sobre la costa, los carteles con recomendaciones y prohibiciones lucen impotentes como meros elementos decorativos. A su lado, el Limay avanza como siempre. Pasa silencioso, regalando paisajes, frescura y peligros.

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El calor empujó a todos a la costa

Los casi 36 grados de temperatura empujaron ayer a miles de personas a los balnearios, clubes y centros de recreación ubicados a lo largo de la costa del río Limay.

Muchos aprovecharon la mañana para instalarse en las zonas de parrillas y comer un asado. Otros llegaron poco después del mediodía en busca de un refugio que les permitiera sobrellevar el calor agobiante de la tarde.

Los clubes ubicados sobre la calle Río Negro estuvieron también colmados de visitantes.

Recién cuando el sol caía y la línea roja del termómetro empezaba a descender, se inició el lento peregrinaje de regreso a los hogares.

El pronóstico del tiempo elaborado por la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC) anticipa para hoy otra jornada calurosa, con una máxima que podría rondar los 34 grados y un poco de viento con ráfagas del oeste de hasta 50 kilómetros por hora.

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