El clima en Neuquén

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La Mañana

Cierren la manguera

La manguera extendida sobre la vereda riega un cantero desde hace quince minutos. Ya está desbordando, y el agua comienza a recorrer los vericuetos calle abajo. La escena se repite en cualquier vivienda de Neuquén en horas de la mañana, a la tarde nuevamente y, si hay ganas, por la noche.

Cuando llegué a esta ciudad fue uno de los aspectos que más me llamó la atención. Y es que me dio la sensación de que el uso indiscriminado del líquido vital parecía garantizado de por vida en tierras neuquinas, a diferencias de otros lares, como mi Córdoba natal, donde el uso de mangueras en la vía pública está prohibido y es punible de multas.

Pero la ausencia de lluvias, las altas temperaturas reinantes en la Patagonia y la delicada situación del río Limay (en medio de tironeos políticos), prendieron las alertas sobre el exceso en el consumo. Entonces, el EPAS reaccionó y recomendó el uso responsable y solidario del agua.

La única solución, como con el problema de la basura, pareciera ser tocar el bolsillo de los neuquinos, es decir, aplicar multas a los derrochones. Es inconcebible pensar que cada neuquino, en estos tiempos estivales, gaste alrededor de 700 litros de agua diario, cuando la media nacional es de 350.

Pero no sólo se trata de lo que haga cada uno en su hogar, también es incomprensible que las autoridades (ya sea municipio o Provincia) gasten litros y litros de agua en el regado de espacios públicos, que lucen un impactante verde, al tiempo que los vecinos de la periferia, como los barrios Confluencia, las Valentinas o Colonia Nueva Esperanza, por ejemplo, sufren por cada gota que llegan a las, muchas veces, oxidadas canillas, y el agua se convierte en algo vital.

No se concibe que cada neuquino gaste 700 litros de agua por día. El derroche perjudica a todos.