Conductas inexplicables

Los guardavidas tienen que recurrir a veces a la Policía para lograr que los bañistas no hagan locuras.

Usted me podrá decir que se trata de una conducta suicida o autodestructiva. Podría ser si se tratara de uno, dos o 10 casos. No de 30, 50 o 100.

En Neuquén son cada vez más las personas que se bañan en lugares no habilitados del río Limay. Los guardavidas reconocen que es poco lo que pueden hacer porque, más allá de los carteles con las recomendaciones o los avisos de peligro, ellos también les piden que no ingresen al agua porque corren el riesgo de ahogarse. Así y todo, se lanzan igual.

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Me llamó la atención un dato que me contó el titular del sindicato de guardavidas: hay casos de personas que aún en lugares habilitados son rescatadas dos y hasta tres veces el mismo día por los desafíos que se imponen para cruzar el río después de haber comido un asado y haber tomado litros de cerveza o vino.

También es llamativa la cantidad de veces que tienen que rescatar a menores porque sus padres se “olvidaron” de cuidarlos.

Usted entonces se preguntará qué es lo que hay que hacer para evitar estas conductas increíbles. ¿Es necesario que el Estado intervenga y adopte un rol más paternalista del que ya tiene? ¿Hacen falta más campañas de prevención tratando de explicar algo tan simple como el peligro que tiene un río? ¿O simplemente dejar que todo fluya y siga como está?

Charlando con un vendedor de helados que estaba en el balneario Sandra Canale y que está acostumbrado a ver rescates y tragedias, le pregunté su opinión y qué creía él que había que hacer con todos estos rebeldes inmaduros, por calificarlos de algún modo. Y la respuesta fue sencilla y acompañada con una carcajada. “No hay que hacer nada. Que se jodan por boludos”.

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