Costoso. Se derrochan 26 millones de m3 de gas

Datos del IAPG. El equivalente a la mitad de la producción de Neuquén se dilapida por el consumo ineficiente en los hogares.

Por Cristian Navazo

Con el tarifazo y la polémica en torno a las importaciones, el gas hoy ocupa un espacio central en la agenda pública. Se trata de un insumo que comprende el 52 por ciento de la matriz energética del país y que demanda miles de millones de dólares en compras al exterior para hacer frente a la demanda interna.

En este contexto, la seccional Comahue del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG), el organismo técnico integrado por las principales empresas petroleras que operan en el país, presentó el viernes, en un encuentro con periodistas en la Casa de la Costa, un trabajo que promueve el uso racional y eficiente de la energía.

La presentación realizada por Carlos Soraire, de la subcomisión de asuntos institucionales, indica que se pueden ahorrar 26 millones de metros cúbicos diarios de gas -el equivalente a toda la producción de YPF en Neuquén y casi la mitad de la provincia- mediante cambios en el consumo de los usuarios residenciales.

Los hogares, comercios y entes oficiales utilizan un 31% de todo el gas. En los meses de invierno su participación alcanza el 60%.

4 Las lámparas compactas fluorescentes de bajo consumo logran el mismo nivel de iluminación que las tradicionales incandescentes, pero utilizan de 4 a 5 veces menos energía y tienen una vida útil tres veces mayor.

La presentación que trajo a la luz el viernes el IAPG Comahue, está basada en trabajos realizados por Salvador Gil, analista de consumo de energía y consultor del Enargas, y parte de la base de que Argentina es el país que más energía consume por habitante detrás de Venezuela.

Además, se pone el foco en tres ejes fundamentales que permitirían ahorrar el equivalente al 20% de la producción del gas en el país, si se toman algunas medidas en el consumo hogareño.

Los usuarios residenciales utilizan el gas fundamentalmente para cocinar (12,5%), calentar agua (25%) y calefaccionarse (50%). El 12,5% restante lo consumen los pilotos de los artefactos.

Según expuso Soraire, en Argentina existen 10 millones de calefones y termotanques, cuyos pilotos permanecen encendidos, sin apagarse nunca. Cada uno de ellos consume 0,5 m3/día, con lo cual 5 millones de m3 diarios de gas se queman sólo a través de los pilotos. Es decir que el equivalente la producción de un yacimiento con buen rendimiento en la cuenca neuquina se gasta sin ningún beneficio. A modo de ejemplo, Lindero Atravesado, la mayor apuesta de Pan American Energy en la provincia, alcanzó días atrás un pico de producción de 4 millones de m3, cifra que fue muy celebrada en la compañía.

Los sectores medios y altos son los que más gas consumen. los bajos no tienen acceso a la red.

El IAPG propone que se adopte una política que estimule el uso de calefones con encendido electrónico y termotanques más eficientes, o sea, artefactos con etiqueta clase A, para ahorrar ese gas que se dilapida.

Un segundo eje propuesto es la utilización de calentadores solares para el agua. Según un estudio de la Universidad de San Martín y de la Universidad de Luján, se podrían ahorrar 7 millones de m3 diarios de gas con el uso generalizado de colectores solares.

Entre el río Colorado y Jujuy, en donde se concentra el 85% de la población del país, la radiación solar media es de 4,5 Kwh/m2, lo cual permite el uso de este tipo de fuentes renovables. El trabajo de las universidades indica que en sólo 3,5 m2, el sol aporta tanta energía como la requerida para calentar toda el agua sanitaria que usa una casa.

La contra de este tipo de tecnología es el alto costo. Los equipos híbridos sol-gas o sol-electricidad en Argentina valen entre 1000 y 2000 dólares. Sin embargo, se estima que con una producción a mayor escala se reduciría mucho el costo, a la vez que se generarían fuentes de empleo.

La utilización de paneles solares tiene sus limitaciones. Se estima que la cobertura de esta tecnología será a lo sumo del 35% del total de los usuarios, si se tiene en cuenta que para las grandes ciudades no tiene tanta utilidad por la presencia de altos edificios.

Un tercer eje de ahorro en los hogares es más preponderante aún. Se trata de la aislación térmica de las casas. Según Normas IRAM, un buen aislamiento térmico resulta en una reducción de más del 50% en el consumo de gas en calefacción y refrigeración.

Paredes y techos debidamente aislados, sumados al doble vidrio en las aberturas podría producir un ahorro de 11 millones de m3 diarios en el país.

Mientras que la utilización de etiquetado y la aplicación de una política agresiva respecto de la fabricación de equipos tipo "A" podría generar un ahorro de gas de otros 3 millones de m3/día.
El consumo residencial de gas se dispara durante el invierno, cuando se generan picos de demanda que se compensan con los cortes de suministro a las industrias. Además del perjuicio económico para ese sector, la importación de gas tiene un fuerte impacto en la balanza comercial y las cuentas fiscales.

Para Salvador Gil, también es necesario ajustar el uso de la energía en torno a las temperaturas de confort de los ambientes. Indica que se puede ahorrar entre un 10 y un 20% de gas, dependiendo de la zona geográfica, si se disminuye un grado la temperatura.

En Argentina, el 95% de los usuarios de gas natural está en la zona centro-norte. Sin embargo, el 5% de los usuarios del sur consume cerca del 20% del gas residencial. Por lo tanto, un grado de disminución en los termostatos representa un ahorro de un 18% del consumo de calefacción a nivel nacional.

Es decir que se podrían ahorrar 5 millones de m3 de gas diarios si se utiliza una temperatura ambiente en torno a los 20 grados.

La gran contra de este tipo de autocontrol del consumo es que la mayoría de las casas no utiliza termostatos. Lo mismo sucede con los calefactores y calefones que se comercializan en el mercado que no tienen encendido electrónico. De manera análoga, un incremento de un grado en la refrigeración puede generar ahorros superiores al 20%.

Las transformaciones que propone el IAPG dependen de dos cuestiones centrales: el cambio cultural del consumo y el acceso a equipos más eficientes y mejor aislación de las casas (más caros), en épocas de pleno ajuste económico donde lo que menos sobra es dinero.

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