De la polémica al debate social

Marcelo Insulza, chofer de la empresa de servicios petroleros Ranger Oil, el 20 de mayo de 2017 manejaba durante la madrugada a gran velocidad y alcoholizado y cruzó un semáforo en rojo. Eso provocó que atropellara y matara a Edgardo Oñate, de 17 años. Después, Insulza se dio a la fuga y horas más tarde se presentó en la comisaría.

El joven petrolero recibió una pena de tres años de prisión condicional, por lo que quedó en libertad. Además, tiene una inhabilitación para manejar por seis años y se le impusieron 30 horas mensuales, por tres años, de tareas comunitarias trabajando en la guardia de un hospital a modo de terapia de shock.

La decisión tomada, en un fallo dividido, cayó mal socialmente y por las redes la gente no tardó en pedir la cárcel para el petrolero. Por otro lado, se abrió el debate sobre las herramientas que tiene el sistema para rehabilitar.

¿Sirve la cárcel para rehabilitar o empeora al que cae preso? ¿Qué mensaje se le da a la sociedad al quedar libre tras matar a una persona manejando alcoholizado y violando las normas? ¿Se pueden tabular los homicidios culposos, determinando agravantes y atenuantes para establecer si corresponde o no ir a la cárcel? ¿La cárcel es la última alternativa del sistema o hay otras posibles?

El debate que carece de popularidad, ante una sociedad que pide el escarnio en la plaza pública, es una necesidad. Determinar las herramientas del sistema para encaminar al infractor es una deuda pendiente de los legisladores y del Poder Judicial.

Reglas claras y otras alternativas de rehabilitación terminan siendo la gran utopía.

El petrolero que atropelló, mató y huyó quedó libre. La gente, furiosa. El debate es cómo rehabilitar.

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario



Lo Más Leído