Del sexo y el delito en la red

En la vida virtual que proponen las redes el delito también existe y varios ya han sido víctimas.

El sexo y el delito nos atraviesan como sujetos y como sociedad. Vivimos en una época en la que nuestra libertad no sólo termina donde comienza la del otro, sino que la condicionamos según el contexto.

El crecimiento del delito, además de hacernos vulnerables, nos obliga a tomar medidas de seguridad que van más allá de las alarmas y las rejas, al punto de llegar a adoptar rutinas que suelen condicionar nuestra libertad para evitar ser víctimas de la delincuencia.

Creer que esto no es igual en las redes es un absurdo. Los delincuentes han mutado también al ciberespacio, dando origen a una rama del crimen que se denomina ciberdelito.

Hay que entender que el delincuente es vanguardista y está atento al fenómeno social para lograr concretar sus golpes. Es así que desde hace una década los delitos en internet han proliferado y los vinculados al sexo estallaron. Las redes de pedófilos y más recientemente la sextorsión, que son las extorsiones a partir del intercambio de fotos de alto contenido erótico.

Neuquén no está al margen de nada de esto. Así como sucedió con un joven vinculado a una red internacional de pornografía infantil, también surgieron tres casos de hombres que fueron víctimas de sextorsión y pagaron rescates de 5 mil pesos para no quedar envueltos en un escándalo.

Acá lo que está en juego no sólo es la vida paralela que se tiene en las redes sino también la vida real, ya que en el camino se puede destruir a una familia e incluso una carrera o un trabajo. Por lo que la prudencia debiera predominar cuando se navega por la web, donde también nuestras libertades están condicionadas.

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