El buen ánimo es amigo de una dieta equilibrada

Sentirse físicamente en forma ayuda tanto como determinados nutrientes.

Tanto el estado de ánimo como el humor de una persona dependen de innumerables variables: la propia genética, las circunstancias personales, el estado físico y de salud, el entorno social e incluso el clima. Así que intentar buscar en la dieta la llave de la felicidad y del bienestar mental es bastante utópico. No obstante, hay nutrientes y alimentos específicos que se relacionan con la producción o inhibición de ciertos neurotransmisores y hormonas. Además, también se sabe que la alimentación como parte de un estilo de vida y sus consiguientes vinculaciones religiosas, éticas, sociales, políticas y económicas puede generar más satisfacción y, por ende, mayor felicidad en las personas que consiguen alinear sus principios con ella.

Estar en estado es clave en nuestro humor. Pero, además, nutrientes como el triptófano estimulan la serotonina, un neurotransmisor ligado al placer.

Uno de los nutrientes que más suena al hablar de dieta y estado de ánimo es el triptófano, un aminoácido precursor de un neurotransmisor llamado serotonina que está fuertemente ligado al placer y al bienestar mental. A menudo se alude a los alimentos ricos en triptófano (huevos, leche, cereales integrales, garbanzos, cacahuates, plátano) y también a su suplementación aislada como solución para mejorar el estado de ánimo e, incluso, la depresión.

Positivo Al margen de lo alimenticio, es importante la estabilidad emocional.

Sin embargo, una reciente revisión concluye en que si bien una dieta rica en triptófano puede tener un impacto positivo en el humor, este efecto depende mucho del estado del individuo, por lo que no parece que una recomendación general sobre ingerir más alimentos ricos en triptófano mejore el humor sin más.

Ideales Lo que uno come puede estar alineado con una ideología. Sostenerla da alegría.

El trabajo también señala la importancia de los antioxidantes para mantener buenos niveles de triptófano y del ejercicio físico para generar serotonina. Por lo que, al final, algo tan sencillo como una dieta rica en frutas y verduras (principales fuentes de antioxidantes) y un estilo de vida activo siguen siendo la recomendación más rigurosa.

¿Chocolate contra la tristeza?
En la cultura popular, al chocolate se le atribuye el poder de levantar el ánimo y servir de consuelo en momentos de melancolía. ¿Cuánto hay de cierto en ello? No está demasiado clara su certeza. En primer lugar, los efectos se perciben con chocolate de alta concentración de cacao o con cacao puro. Es decir, ese popular chocolate con leche, que es el consumido por gran parte de la población, no entraría dentro de los parámetros. No vale cualquier tipo de chocolate. Además, no se sabe cuál de los muchos compuestos bioactivos del cacao es el que podría tener esos efectos. Además, ¿cómo somos capaces de discernir qué parte es debido a estas sustancias y cuál al placer en el paladar que provoca saborear este dulce? Muy difícil de resolver.

Comida, estilo y bienestar
Cuando la elección de alimentos se alinea con otros valores personales, esa coherencia ayuda a mantener un estado de bienestar anímico. Aunque no sea directamente a causa de los nutrientes ingeridos, sí que se puede resumir en “sentirse bien con lo que uno come”.

Algunos estudios ponen de relieve esta relación secundaria de la dieta y el estado de ánimo, como ocurre en las personas vegetarianas, cuya elección dietética puede repercutir en mejoras en su humor y su estado de ánimo. En la misma línea, hay investigaciones que señalan la asociación entre la adherencia a un patrón dietético mediterráneo y una mejora del humor en adultos sanos. Parece ser que tener la mente tranquila con las elecciones personales contribuye, en parte, a mejorar esta faceta.

En los niños
Comer mal hace el efecto inverso

Hace tres años se hizo un estudio en Canadá sobre 6500 niños y su alimentación. Se buscaba ver en qué casos se registraba preocupación, tristeza e infelicidad. Y se comprobó que quienes más mostraban esos rasgos en su personalidad eran los chicos que no tenían una dieta balanceada y rica en verduras y frutas. La conclusión sirvió para sostener la estrategia de mejorar la calidad alimenticia infantil para tener niños más felices.

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