El criancero que les negó una invitación a los extraterrestres

Fermín Albornoz. Tuvo un encuentro cercano del tercer tipo en el norte neuquino y su historia es famosa.

Por Fabián Cares - Especial

La historia ocurrió en la década del 80 y el relato de Fincho despertó tanta curiosidad que su historia se hizo muy conocida. – En la zona de Colimichicó, cercana al escenario del encuentro, se habla de la existencia de un portal cósmico.

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Hay experiencias que marcan y dejan una huella para siempre en la vida de las personas. Fermín “Fincho” Albornoz es hoy una leyenda en el norte neuquino, en las legendarias tierras de Manzano Amargo. Este criancero, de palabras y gestos sencillos, testimonia un relato de un encuentro que dice haber mantenido con dos extraterrestres. Su historia tiene cuatro décadas cautivando la imaginación de los habitantes de antes y de ahora en el norte neuquino donde una calle lleva su nombre.

Un domingo de febrero del verano del año 1981, en plena Cordillera del Viento, la vida le tenía reservada a Albornoz una experiencia intensa. Sería protagonista de un encuentro que aún no tiene explicación racional. Aquel día, el criancero estuvo de visita en los campos de su padre en el pueblo de Manzano Amargo.

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Cuando ya amenazaba caer la tarde, acomodó las pilchas de su caballo y apuró el tranco para regresar a su veranada, en la zona conocida como El Tapadero, muy cerca del bosque Llao Llao. Mientras apuraba el tranco de su zaino viejo, pasó por el puesto de don Tito Fuentes. Allí, los crianceros realizaban algunas faenas propias del lugar y Fermín se bajó a echar una mano. A punto de caer el sol, manifestó su intención de continuar viaje. “Mis vecinos me dijeron que me quedara porque iba a salir un asado, así que acepté la invitación para después continuar viaje”, recuerda.

La cena transcurrió entre anécdotas y camaradería. Al final, lo convencieron para que echara sus pilchas en una “especie de ramadita” para que continuara su viaje con la primera luz del día siguiente. Albornoz compartió el improvisado “alojo” con otro veranador. Ya en plena madrugada, lo increíble y menos pensado sucedió. “Mientras dormía, el ruido de los animales como inquietos me despertó, eran como las cuatro de la madrugada. Cuando me empiezo a incorporar, una intensa luz ilumina todo, parecía de día. Mirando esa luz, de pronto veo que se aparecen desde arriba dos hombrecitos más bien petizos que se acercaron y quedaron como a dos metros, paraditos con sus manos pegadas a sus piernas”, relata.

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Cuenta que los visitantes vestían trajes azules y que los instantes que estuvieron frente a él no efectuaron mayores movimientos. “En medio del susto, solo veía que movían los labios”, dice Albornoz.

Al respecto, revela que la apariencia de esos extraños seres era similar a la de los humanos. Asegura que de sus bocas salieron palabras que él no supo comprender, hasta que en un momento pudo distinguir algo. “Te venimos a buscar, ¿te querés venir con nosotros?”, cuenta que le preguntaron los visitantes en plena cordillera.

En ese momento en que todo lo conocido quedaba a otro nivel, el criancero recuerda que se echó las manos al rostro y dijo: “Ay, señor, yo estoy con mi familia y los quiero mucho”.

En ese momento, pareció haber perdido la noción de las cosas y no sabe qué más pasó. “Cuando volví a mi sentido, los seres ya no estaban y escuché el ruido de ese aparato que sonaba como un helicóptero, pero no tan fuerte, que se alejaba por atrás de la ramadita y se perdía en el medio del campo”, recuerda.

Albornoz afirma que su compañero de habitación apenas empezó el suceso de la luz “parece que se desmayó”, así que lo zamarreó un poco para que se levantara y fue corriendo a avisarle al dueño del puesto lo que había pasado.

En medio de la conmoción, tuvieron que rodear a los animales, que estaban por todas partes. No podía dar crédito a lo que había vivido. Cuenta que por unos 15 días sintió temblores en el cuerpo.

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"Yo no le chillé a nadie lo que había vivido”, dice. Sin embargo, el suceso comenzó a correr por todos los rincones de la región. Tanto es así que efectivos de la Policía y de Gendarmería lo buscaron para que diera testimonio de lo sucedido.

A Albornoz le pasó como a tantas otras personas que cuentan experiencias de este tipo, muchas veces se pone en tela de juicio su veracidad. “Por qué iba a mentir con eso, si yo nunca había escuchado de esos seres, solo había visto muchas veces cosas raras en el cielo nomás”, dice.

Apenas un puñado de días después del increíble acontecimiento, la noticia era conocida en todo el país.

Aún se conservan registros periodísticos que dan cuenta de su publicación.

-> Un mirador que atrae curiosos

El testimonio de Fincho Albornoz le dio popularidad al mirador La Puntilla, que se ubica entre Las Ovejas y Manzano Amargo. Este lugar se ha convertido en los últimos años en uno de los destinos turísticos de los amantes de lo desconocido. En las cercanías del mirador se encuentra Colimichicó, un lugar considerado un portal cósmico por quienes se dedican a mirar a las estrellas. Hay numerosos casos de avistamientos de luces extrañas en los cielos de esta región del norte neuquino, a semejanza de Capilla del Monte, en Córdoba.

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