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La Mañana pandemia

El desafío de sentir el pulso de la realidad en tiempos de pandemia  

Este 7 de junio se celebra el Día del Periodista. Durante la cuarentena, la profesión se transformó para adaptarse a las nueva normalidad.

“Ustedes también están exceptuados”, le dijo el presidente Alberto Fernández a los periodistas. Era el 19 de marzo y los trabajadores de prensa habían asistido a la Quinta de Olivos para cubrir un anuncio que cambiaría para siempre la vida de los argentinos. Desde esa medianoche, nadie podía salir de su casa por ningún motivo, con el objetivo de evitar los contagios de coronavirus. Sólo unas pocas profesiones, consideradas esenciales, podían mantener su trabajo habitual. Entre ellas se contaba al periodismo.

A pesar de los permisos vigentes, las redacciones quedaron desiertas. De inmediato, LMNeuquén decidió sacar provecho de las herramientas tecnológicas para que los redactores y editores se resguardaran del avance de la pandemia. La redacción se fragmentó entonces en decenas de redacciones: cada periodista, con su computadora y su teléfono, era una extensión del diario que generaba información fundamental ante tanta desorientación.

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Sin actos oficiales ni conferencias de prensa, el teléfono se convirtió en la herramienta fundamental para cubrir la vida que transcurría afuera. Desde casa y en horarios difusos, los periodistas teníamos que dar testimonio de una nueva realidad que parecía abarcarlo todo. La forma de vestirse, de trabajar, de hacer las compras; el encierro y la solemnidad de los himnos que sonaban desde las ventanas; el aburrimiento y las formas más creativas de combatirlo. Y también el miedo.

El virus, que había nacido como una realidad de países lejanos, ya se encarnaba en cuerpos que estaban cerca. Las víctimas de la enfermedad ya no eran números y estadísticas: tenían nombre y apellido. Y los periodistas enfrentábamos el desafío de informar con responsabilidad: lejos del alarmismo, de los dedos señaladores, del estigma. Y cerca de la responsabilidad colectiva a través de los hábitos saludables, de la solidaridad, de la paciencia.

La nueva realidad nos obligó a repensar nuestra forma de trabajar, a capacitarnos para saber cómo reflejar los acontecimientos desde casa. La distancia, la lejanía y las voces en el teléfono parecían obstáculos para ser testigos de la verdad, como siempre habíamos sido.

Los más sabios se mantenían optimistas. “Si uno puede enamorarse por Whatsapp, también puede chatear hasta saberlo todo, hasta sentir lo que sintieron ellos”, me dijo un profesor, como surcando un sendero nuevo. Y un desafío grande: con la menor cantidad de recursos, casi sin herramientas, había que hacer lo posible por estar donde pasaban los hechos.

Pero el pulso de la realidad seguía allá afuera, en la calle, en el encuentro con los otros. Y más temprano que tarde hubo que afrontar los miedos propios y ajenos para salir a encontrarse. Y lo hicimos de la mano de los fotógrafos, los que tienen la calle como materia prima y que nunca pudieron acatar el encierro, los que tenían que inmortalizar las postales de esta vida nueva.

Con tapabocas, con alcohol en gel y con distancias, teníamos que dejarnos atravesar por la realidad. Teníamos que sentir el frío que sienten los vecinos del Oeste cuando el invierno aprieta y las garrafas no llegan, el agobio de los médicos en las guardias saturadas de pacientes, la pujanza de los trabajadores que salen a ganarse el pan incluso cuando cunde el miedo.

Ser periodista es estar ahí donde ocurren los hechos. Y ahora estábamos ahí pero de una forma mixta: a veces presentes, con nuestro cuerpo en escena, y otras veces desde la escucha atenta, mediados por la tecnología. Así, con esas herramientas, dábamos testimonio en los tiempos difíciles.

Y asumimos desafíos nuevos: transmisiones en vivo a través de las redes sociales, informes audiovisuales, un suplemento especial que acompañaba a todos aquellos que debían quedarse en casa. Llegábamos a las computadoras, a los celulares y a las mesas de los neuquinos con propuestas nuevas, con información actualizada y con historias de vida que reflejaran un año tan atípico como el 2020.

Con el paso de los meses, las restricciones sanitarias se flexibilizaron. El pulso de la economía se aceleró y las salidas recreativas esporádicas se transformaron en actividades habituales. La gente volvía a las calles y regresaba a sus trabajos. Y nosotros, los periodistas, volvíamos al mundo y a las redacciones.

Las conferencias de prensa y los actos oficiales ya no son iguales. Las sillas se acomodan con distancia prudente y, cada vez que el tiempo lo permite, los anuncios se hacen al aire libre. Los protocolos de las mesas con manteles y las botellas de agua mineral sumaron, ahora, la provisión de barbijos y rociadores de hidroalcohol. Las hacinadas ruedas de prensa del pasado son un poco menos apretadas, pero con la pulsión de todos por acercar el micrófono al protagonista y no perderse ningún detalle de su declaración, con el ímpetu de estar más cerca para preguntar primero, aunque algunos usen bastones que alejan el grabador.

Hacer periodismo en tiempos de pandemia es casi un trabajo nuevo. Nos quedamos con los dichos de los otros, pero sólo podemos adivinar sus gestos detrás de los tapabocas. Buceamos cada vez más hondo para encontrar noticias de aliento en medio de la crisis económica, de las separaciones físicas, del dolor y de la muerte. Pero seguimos ahí, con armas nuevas, sintiendo el pulso de esta realidad. Y contándola.

Aunque más flexibles, las medidas sanitarias permanecen. Y de forma paulatina pisamos otra vez las redacciones. Llegaron primero los secretarios de redacción, los jefes de contenido, los editores. Ellos son los encargados de mantener reuniones, de usar el mouse, de tomar decisiones. Y en días esporádicos, cuando el caudal informativo es muy grande, llegamos también los redactores.

Y cada vez que volvemos creamos un día distinto entre los escritorios semidesiertos. Porque inundamos la redacción de un sonido muy nuestro, un ruido que regresa a veces para darle fin a la mudez agobiante del silencio: el golpe frenético de nuestros dedos contra el teclado, el tipeo a toda velocidad para contar una realidad que es nueva, compleja, diferente, pero nunca menos fascinante.

Algunas de nuestras historias en pandemia:

El Interior de la pandemia: una serie de historias sobre el coronavirus en diferentes localidades de la provincia.

#Yomequedoencasa

El suplemento especial de LM Neuquén recupera historias de emprendedores locales y divulga ideas para hacer en casa en tiempos de confinamiento.

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