El fin del cepo y el complejo desafío de los precios

Peligro inflacionario. Aranguren busca que la devaluación no se traslade de lleno a los combustibles.

Por Cristian Navazo

El levantamiento del cepo cambiario y la consecuente y brusca devaluación impacta de lleno en el petróleo, cuya cadena está íntimamente ligada a la fluctuación del dólar. La preocupación más urgente del gobierno de Mauricio Macri es morigerar el traslado de precios a los combustibles, cuya variación no sólo condiciona el humor social, sino también los cimientos de la economía.

Desde el jueves pasado, el litro de nafta súper pasó de costar 1,35 dólares a 1 dólar. El precio se ubica en cifras similares a la de países vecinos, como Brasil (u$s 0,92), Paraguay (u$s 0,99) y Chile (u$s 1,06). Sin embargo, el valor es ficticio, porque aún no se trasladó la devaluación al costo del barril de petróleo, que se negocia entre las productoras y las refinerías con cotización dolarizada y se paga en pesos.

Si se trasladara la suba en pesos del barril de crudo al precio de los combustibles, el aumento sería brutal y dispararía la inflación. El litro de nafta súper se iría de los 13 pesos actuales hasta los 18 pesos en Buenos Aires, es decir casi un 40 por ciento más.

Hoy el litro de nafta cotiza A un dólar, pero no se trasladó la devaluación.

Para que ello no suceda, el Gobierno tiene tres opciones: bajar la cotización del barril interno (hoy en torno a los 75-77 dólares para el Medanito), reducir impuestos o acordar con las refinadoras y productoras para que absorban los mayores costos.

Según explicó el ministro de Energía, Juan José Aranguren, se evalúa un cambio en el esquema impositivo que grava a los combustibles. Pero la medida deberá pasar el filtro del Congreso, a partir de marzo, cuando se inicien las sesiones ordinarias.

En los últimos días el funcionario se reunió con representantes de las refinadoras como YPF, Shell, Axion, Petrobras y Refinor para negociar un congelamiento de precios en los próximos tres meses, sector que -como bien sabe el funcionario- logró alta rentabilidad en los últimos años en Argentina.
En la actualidad casi el 50% del precio de un litro de nafta y más del 40% del gasoil que se paga en el surtidor corresponde a impuestos. Esos gravámenes acompañan la suba del producto terminado al salir de la refinería. La idea de Aranguren es cambiar el esquema por otro que varíe de acuerdo con la cotización internacional del crudo.


Está en juego quién paga el costo: el estado, las petroleras o el consumidor.

En enero de este año, Axel Kicillof dispuso la baja del 5% en los precios de los combustibles, tras el desplome internacional del crudo. En ese momento se acordó una reducción de 7 dólares en la cotización del barril de petróleo y la reducción de impuestos. A lo largo del año la disminución se fue licuando a medida que el peso se devaluaba lentamente.

Ahora Aranguren, quien saltó a la escena pública cuando en 2005, como presidente de Shell, desafió el pedido del presidente Néstor Kichner de no aumentar los precios de los combustibles, intenta que la devaluación no se traslade de un solo golpe a los combustibles.

Una fuerte suba en los surtidores, sumada a la anunciada quita de subsidios al gas y a la electricidad a partir de enero, podría entorpecer su incipiente carrera política.

Por eso busca cerrar un acuerdo de precios con sus ex pares de las petroleras para que el aumento de los combustibles sea de forma progresiva durante todo 2016.

Otra de las patas de la discusión pasa por la baja del barril de petróleo, cuyo acuerdo sectorial vence a fin de mes. Ese punto también es complejo, ya que las provincias productoras, las operadoras y empresas de servicio pujan por la renta. A raíz de esa incertidumbre, las petroleras ya empezaron a dejar en stand-by equipos en Neuquén y Chubut, y si el petróleo baja habrá despidos masivos.

Aranguren se comprometió a mantener el precio del crudo por encima del internacional, que esta semana tocó su mínimo en 11 años. Si el derrumbe mundial se mantiene en 2016, será imposible sostener el barril criollo un 100% más caro.

"Lo que vamos a hacer es que el impacto de la devaluación no se traslade totalmente al precio de los combustibles. El presidente nos pidió decir la verdad. Que no se traslade va a ser bastante difícil, porque si no se desfinanciarían las provincias", dijo el ministro, quien dio a entender que los combustibles subirán, mientras busca contenerlos en el primer trimestre de 2016 hasta que pueda enviar la reforma impositiva al Congreso.

El funcionario reconoció que si los combustibles se comercializaran internamente a precio internacional, se produciría un "colapso" en la actividad de exploración y producción.

La brusca devaluación permite bajar los costos de producción de las compañías petroleras, sin embargo, es imposible hacer cuentas hasta que se defina el precio del barril para el año próximo.

La cuenca que más sufre el desplome mundial del petróleo es el Golfo San Jorge, que exporta Escalante a precios internacionales. Hoy ese crudo se cotiza en el exterior a unos 35 dólares, cuando la suma del costo de producción y el pago de impuestos demanda unos 30 dólares por barril. Si se agrega el gasto de reposición de reservas, el barril debería rondar los 50 dólares para empardar la cuenta. Por eso, Pan American Energy e YPF paralizaron sus equipos de perforación y terminación en esa provincia.

Para Vaca Muerta, la baja del barril significaría una merma de las inversiones en 2016. Se baraja la opción de llevarlo en torno a los 63 a 66 dólares.

En ese contexto, también entrarán las demandas de los trabajadores petroleros cuyo sueldo se licuó un 30% en dólares, al igual que el resto de los asalariados. La baja de la actividad es uno de los frentes de conflictividad que estuvo latente en el último semestre del año y que se puede intensificar el año próximo. Además, Macri tiene que pagar una fuerte deuda de campaña al sector que en Neuquén le dio su apoyo en el ballotage: la suba del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias.

La reducción de gravámenes a los combustibles y de Ganancias, junto con la eliminación de retenciones al agro, significaría un fuerte desfinanciamiento de las arcas del Estado, que se intentará compensar con la quita de subsidios a la energía. El delicado equilibrio también estará atado a la suerte de las políticas macroeconómicas bajo la conducción de Alfonso Prat-Gay.

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