Neuquén> El deteriorado estado que presenta el suelo de las bardas neuquinas en el sector del Parque Norte, es testigo incuestionable de la continua práctica de motocross, mountain bike y 4x4 que se desarrolla en la zona desde hace años.
Las huellas de los rodados abrieron infinidad de circuitos fuera del específicamente habilitado en el sector con ese fin deportivo. Pero las maltratadas sendas también son utilizadas, cada vez con mayor dificultad por los vecinos que desean realizar actividades aeróbicas y recreativas.
Con el correr del tiempo las bardas concentraron la atención de cientos de motociclistas, quienes sin freno alguno por parte de las autoridades municipales y haciendo la vista gorda a las ordenanzas sancionadas para regular la actividad, intensificaron los entrenamientos generando perjuicios que trascendieron las reiteradas quejas denunciadas por la comunidad.
El reclamo se profundiza hoy en una causa mucho más preocupante para los vecinos lindantes al predio.
«El impacto ambiental ocasionado sobre el terreno es irremediable y tardará muchos años en recuperarse, sobretodo si la actividad no se detiene», aseguró la presidenta de la comisión vecinal del barrio Rincón de Emilio, María Verónica Bisutti.
«Cuando uno pasea por el lugar se topa con verdaderos zanjones que dificultan la circulación a pie», aseguró. Sin embargo, la flora y fauna propia de ese hábitat también se fue perdiendo de a poco y «prácticamente ya no queda la vegetación ni los animales que solían observarse cada tanto».
Similar visión es compartida por Manuel Díaz de la comisión vecinal del barrio Copol, quien coincidió en que «el motocross ha ido copando este tipo de terreno y no existe un control de policía que restrinja la actividad, más allá de que se creó una ordenanza que establece sanciones para aquellos que infrinjan la ley municipal que entiende sobre el tema».
Pero además, el vecinalista manifestó que «no sólo ocupan las bardas sino que también suben al sendero aeróbico de Parque Norte junto a las bicicletas e invaden un espacio que fue creado especialmente para hacer deportes y descansar».
Sobre este último tema, Díaz recordó que se reunieron hace poco más de un mes con el intendente de la ciudad, Martín Farizano, y la secretaria de Servicios Urbanos, Marta Búffolo, quienes se comprometieron a trabajar en lo próximo para resolver esta irregularidad y la lista de problemas que aquejan a este sector.
«Solicitamos que se convoque nuevamente a la unidad de gestión que nuclea a los barrios Rincón de Emilio, Alta Barda y Copol y que fue instrumentada mediante la ordenanza aprobada en el año 2003 que prohíbe la circulación de motos en las bardas», dijo el vecinalista y agregó que la comisión se encontró una sola oportunidad para discutir este problema.
Trasladar la actividad
La solución de acuerdo a la opinión vertida por el subsecretario de Gestión Urbana de la municipalidad, Carlos Chaneton, no radica en reunir nuevamente a esta unidad.
«El problema que surge, es que al estar conformada por representantes de juntas vecinales y organizaciones es muy difícil consensuar salidas viables», dijo. Y agregó: «La única solución para erradicar esta clase de actividades es comenzar a trabajar en conjunto con el Concejo Deliberante, teniendo en cuenta las necesidades y planteos realizados por las comisiones de los barrios involucrados».
Sin embargo, aclaró que si bien se pretende sacarlos de ese lugar, no es la intención dejarlos sin un espacio. «Seguimos pensando en trasladarlos a un terreno más al oeste, cerca de donde va a estar el nuevo trazado de la ruta».
Las voces en contra de este tipo de práctica también provienen de los directivos y socios del club Gaem, que organiza caminatas y actividades deportivas por la barda desde hace 18 años.
Marcelo Enrique, presidente de la entidad indicó que «los días cálidos y especialmente los fines de semana llegan a concentrarse más de 70 personas para hacer gimnasia, correr o trotar. Pero muchas veces se generan embotellamientos de tres o cuatro motos en el mismo circuito que entorpecen el recorrido del peatón».
«Los motociclistas se creen con todo el derecho de circular por ahí, pero la realidad es que el único espacio habilitado para que anden es el circuito de motocross que está justo debajo de la sede del club. Es un lugar que está perimetrado y destinado exclusivamente a esta actividad», aclaró.
Los controles en las inmediaciones e incluso en las calles de los barrios lindantes «brillan por su ausencia», denunciaron los vecinos.
«Las motos que van a entrenar a la barda no pueden andar por la vía pública porque no están patentadas para poder hacerlo. Sin embargo, cada dos por tres se arman picadas en las calles y luego es muy difícil identificar a los responsables porque van con los cascos y los trajes de motocross encima», dijo Bisutti.
El impacto sonoro es otro de los daños que ocasiona la práctica para los habitantes del sector. «Los días en que no hay actividad se genera un profundo silencio que es agradecido por todos los que conviven frecuentemente con los motores a pleno», expresó Silvia Romero, una antigua vecina del barrio Copol.


