El clima en Neuquén

icon
10° Temp
53% Hum
La Mañana

El peligro de pensar

He leído los poemas de Héctor Kalamicoy; lo he hecho justamente mientras viajaba en colectivo desde Neuquén hacia Cipolletti.
He leído los poemas de Héctor Kalamicoy; lo he hecho justamente mientras viajaba en colectivo desde Neuquén hacia Cipolletti. Eran las siete y media de la mañana. No tuve de ninguna manera el deseo de colgar al chofer ni de escupir a los ocho policías que viajaban “de garrón”. Lo que logró el poema en mí fue volver a recordar unas dudas torpes e ingenuas; unas preguntas que uno se hace mientras viaja en el “bondi”; un ejercicio destinado más a pasar el tiempo que a un objetivo filosófico. Una de las preguntas es la siguiente: “¿Por qué los policías no pagan boleto?” De inmediato, el ciudadano correcto que vive en mí, ese que tanto defienden los Consejeros Escolares que censuran al poeta Kalamicoy, ese ciudadano con el que no ahorro para disgustos, me responde: “No pagan porque ellos nos brindan seguridad, nos cuidan mientras nos dedicamos a vivir en la conformidad de una vida burguesa y en señal de agradecimiento viajan parados”.  Sin embargo, algunas paradas más adelante subió una maestra. Mi otro yo, el incorrecto, el mal ciudadano, desde adentro me codeo y me dijo “Mirá…” vi que la maestra pagó el boleto; el chofer le pidió monedas. Y pensé, la maestra también brinda un servicio importante: educa a los chicos. Más adelante subió un enfermero que pagó el boleto y, al igual que los policías, al igual que la maestra, al igual que yo, viajó parado. Viajó parado de la misma manera en la que viajaba un setenta por ciento del pasaje. ¿Si el colectivo choca?, pensé. El pánico me hizo guardar el libro en el bolso por dos razones: la primera, para aferrarme mejor del pasamanos. La segunda, estaba comenzando a pensar. Señores Consejeros Escolares, Guardianes de la Decencia y Las Buenas Costumbres, un gran favor nos hacen censurando a quienes nos incitan al violento acto de pensar. Siempre sostuve que no hay mayor peligro para nuestra moral burguesa que la poesía. Así pensaron quienes condenaron a Baudelaire, quienes persiguieron a Juan Gelman, quienes fusilaron a Federico García Lorca. Lo digo en mi carácter de ciudadano correcto y decente. En calidad de sujeto que piensa, opina, se cuestiona, no les digo nada. Le dejo esa tarea a mi compañero y colega Héctor.
Una última sugerencia. Ya que sostienen que la poesía engendra la violencia, podrían elevar un proyecto para condenar el viaje en colectivo, conocido promotor de la promiscuidad, medio de transporte en el que la gente viaja toda apretada que en ocasiones van rozándose –perdón por ser tan explícito- los cuerpos de personas de un mismo sexo.

Sebastián Alegre
DNI 28.092.858