El periodismo vuelve goleado

La eliminación duele. Ni el consuelo del golpe que sirva para tocar fondo ayuda, porque sabemos que eso no va a pasar. Nunca pasó. Ninguna de las derrotas anteriores cambió el rumbo de un Titanic que cabeceó el iceberg sin abrir los ojos un instante. La crisis es grave. Viene de lejos. Dentro de la cancha, de los que deciden, de los que juegan, y afuera, de los que analizan, de los que cuentan.

Mirar al equipo perdido, sin rumbo, duele. Como duele mirar la TV. No es nuevo. Ninguna de esas dos tristezas. Desde 1993 que no ganamos nada. Fue el año de quiebre. Para la Selección y para el periodismo deportivo. Aquel fue el año de la tapa negra de El Gráfico tras el 0-5 ante Colombia. Aquel fue el año de Sanfilippo bardeando cara a cara a Goycochea en un programa político de TV porque se había “comido todos los amagues”. Aquel fue el año en el que muchos dejamos de comprar esa revista emblema, que había abandonado la excelencia de sus notas para meter una página de chismes. Este es el año en que El Gráfico dejó de existir. Este es el año en el que el periodismo vuelve goleado del Mundial. Mostrando lo mismo que hace tiempo, amplificado por la atención que despierta el mejor torneo del planeta.

Porque hace tiempo que casi nadie habla del juego, que las polémicas tapan los goles, que los gritos tapan las ideas, que las operaciones golean a todo lo demás. Porque hace tiempo que las informaciones nacen en un mensaje de texto o de Whatsapp, que las primicias son desmentidas 15 minutos después, que los que analizan se creen más importantes que los protagonistas, que se endiosa a un jugador un día y al otro se lo quiere colgar en la plaza. Porque hace tiempo que hay cada vez más partidos para ver y menos periodistas para escuchar.

Desde 1993 no ganamos nada. Fue el año de quiebre. Para la Selección y para el periodismo deportivo.

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