El clima en Neuquén

icon
24° Temp
60% Hum
La Mañana médico

"El quehacer de la pandemia", la reflexión de un médico de Junín de los Andes

El coronavirus nos invita a reflexionar y pensar en la nueva normalidad. Aún no termina, pero la crisis puede ayudarnos a revisar nuestra visión y salir fortalecidos.

Por Pedro González Barbieri. Médico rural de Junín de los Andes. MP5674/ME4206

Entre el médico y el funcionario de salud hay un abismo, son cualitativamente distintos. Lo doloroso es que un médico puede ir transformándose, de a poco, en un funcionario de salud. Entonces el médico deja de ser un medio, para ser una función a cumplir; un engranaje de la maquinaria inanimada de las operaciones materiales humanas que desconoce el sustrato y el producto: pierde el sentido. Deja de ser mediador para convertirse en intermediario. Su consultorio es un bureau.

Te puede interesar...

No se elige ser médico, se logra por el camino que uno traza en las circunstancias y el contexto que le toca y que culmina en una forma de manifestar la vocación: la medicina. Vocación que es más bien vital, y no profesional, y se encuentra entre el determinismo del destino en la tragedia griega, y el sentido trascendente del uso de la libertad en el “deber ser” de los estoicos. Por eso algunos pretenden afirmar que se trabaja de médico, no se es médico (Separando la praxis del logos), perdiéndose en esa afirmación el devenir entre el ascenso al servicio desinteresado y el descenso al medio necesario para satisfacer las necesidades de la existencia. Si se pierde ese doble movimiento, se deforma el ser médico para transformarse en una colección de virtudes (en el peor de los casos conocimientos), más cercanas al cinismo y la pantomima que al arte de curar.

La medicina científica, en franco retroceso (aunque la sensación generada por los plenipotenciarios organismos de control es contraria), inaugura para la modernidad la pretensión de conocer todo, y dar certezas mecánicas al conocimiento sobre el ser humano y sus padecimientos. En ella se pretende tener un buen control de las funciones, conocer a la perfección los mecanismo, e introducir en el sistema la molécula (fármaco) que corrija el desperfecto técnico. Inconscientemente cientos de miles de profesionales del arte de curar (muchísimo más que “médico”) se arrojan a controlar la acción humana para llevarla a su funcionamiento biológico correcto.

Incluso en la postura más progresista que cambia el nombre de las cosas pero ejecuta la misma acción. El “control” de niño sano, pasa a llamarse “visita del niñe sane”, para operativizar la misma acción. El “chequeo” médico pasa a llamarse “consulta del adulto sano”, para operativizar la misma acción. Quizás después hacen una huerta comunitaria o aprenden palabras en idiomas indígenas, pero estructuralmente reproducen lo mismo: llenan el territorio de fármacos y aumentan exponencialmente el gasto en salud con el uso de tecnología de última generación en forma irracional para confirmar que la maquinaria está bajo control.

No pretende ser una crítica moral, porque no se puede acusar a quienes son producto de una sociedad, no sólo de sí mismos, con anhelos y expectativas propias de cualquiera que vive en el mundo y en su época. Una sociedad que no tiene soberanía, en todos los sentidos; uno de ellos la soberanía sanitaria. Pero si pretende ser una descripción de un proceso que es necesario cambiar si queremos que la pandemia nos deje una lección aprendida y empecemos a elaborar otros modos de mediar en el proceso de salud.

Poner un inicio a esta pérdida de soberanía es absolutamente arbitrario, debido a que la soberanía es un continuo que se posee en mayor o menor medida; pero podemos describir a modo de ejemplo la educación universitaria y el sometimiento que eso significa.

Sometimiento que no es general, ni absoluto, pero es mayoritario. Siguiendo el caso de la Facultad de Medicina de la U.B.A. (es la mayor productora de graduados -casi duplica en graduados al segundo puesto: UNR-) su método educativo es el método Flexner elaborado a principios de siglo XX en los EE.UU., el cual se compone de dos módulos. Uno de materias de ciencias básicas y otro de materias clínicas. La sistemática en el volumen general de alumnos (en lo particular es enorme el reconocimiento de la UBA por el nivel de sus publicaciones científicas) consiste en leer libros cuya producción es extranjera, y sus fuentes extranjeras.

La mayor producción de conocimiento se realiza en los países centrales (incluso con graduados UBA) y es su paradigma que está impreso en cada una de esas investigaciones científicas y los posteriores libros de texto de las carreras de grado. Hay que tener presente que cada producción cultural, incluso la científica, no es inocua, sino que está cargada del paradigma en el cual opera esa cultura.

A eso se suma que en su mayoría los ingresantes pertenecen a las “clases medias” cuya conciencia nacional se encuentra atravesada por un globalismo sensible a las manipulaciones mediáticas. Sin embargo estos ingresantes, y a pesar de los embates, tienen un fuerte influjo vocacional, que el mismo sistema educativo va moldeando hasta transformarlo en lo que el imaginario social tiene presente: un médico.

Dato relevante de esa transformación es que Argentina tiene un número alto de médicos por habitantes pero el interior se encuentra con cargos que quedan vacantes y las principales ciudades están atestadas de consultorios y otros servicios médicos.

Este producto final de la universidad luego realizará en la acción lo que los organismos internacionales de salud (OPS/OMS -cuando no el Banco Mundial-) refiere como estándares u objetivos. Organismos internacionales que son las herramientas de los países centrales para el control (básicamente porque son ellos quienes los financian) y que terminan desnaturalizando los objetivos nacionales de la educación superior no arancelada, perdiéndose de la memoria colectiva visiones y orientaciones de salud nacionales que supieron ser vanguardia internacional.

Esta pandemia nos abrió nuevamente la mente para pensar “qué hacer en salud”. Y produjo algunos procesos novedosos. Por ejemplo aquí en Neuquén, un grupo de voluntarios entre los que se cuentan profesionales de la salud, desarrollo la Red de Abordaje Comunitario de la COVID-19, que pone en valor la medicina social (que el gran Ramon Carrillo nos enseñó hace más de 70 años) y su visión de proceso: enfermo-cuidador-estado-comunidad (tetranomio de la salud). La red es un voluntariado donde participan personas recuperadas de covid, profesionales del ámbito privado y público, personas de la comunidad con fuerte compromiso social, pacientes agradecidos por la asistencia recibida de la red. Es descentralizada, orientada al paciente, horizontal, solidaria; y potencia con alegría la cuestión vocacional que permite el movimiento ascendente del servicio desinteresado.

En fin, a pesar de los daños, este podría ser el quehacer de la pandemia.

Lo más leído

Leé más

¿Qué te pareció esta noticia?

45.238095238095% Me interesa
11.904761904762% Me gusta
1.1904761904762% Me da igual
40.47619047619% Me aburre
1.1904761904762% Me indigna

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario