“Existe una gran desconfianza en el circuito y Nación no nos cree”
¿La fruticultura regional está frente a una nueva crisis?
La situación no es nueva. Hace por lo menos dos años que la Cámara impulsó estudios. Lo que notamos es un proceso de pérdida de competitividad de la actividad, pérdida en los mercados y la consecuente pérdida de rentabilidad. Empezamos a observar una falta de inversión, lo que se veía en la reposición de plantas, en las tareas culturales, en el empaque, en toda la cadena. La causa es la inflación en dólares, costos que crecen en dólares más que los ingresos. En agosto del año pasado presentamos un trabajo denominado “Competitividad e impuestos”, en el que mostramos que a la actividad aportaba al Estado nacional a través de distintos impuestos más de 200 millones de dólares. Si comparamos esta carga con la de otros competidores hemisféricos, como es el caso de Chile, tenemos una diferencia en contra de 130 millones de dólares. Esto entrañaba una pérdida de competitividad en los mercados. Hoy tenemos la suerte de que los mercados mantengan buenos precios en dólares, pero en el último año nuestros costos internos aumentaron entre 30 y 35% en dólares. El año anterior fue un poco menos, pero lo que notamos es que el nivel de crecimiento de los costos en dólares es continuo. Esto convivió con una devaluación de la moneda que el último año fue de alrededor del 5%.
¿Qué recepción tuvo la investigación de CAFI?
Se lo presentamos a todos, a los actores de la cadena, trabajadores, Federación de Productores, intendentes, gobernadores y ministerios nacionales. A nivel nacional, en ningún momento nos observaron la incorrección de este estudio.
¿Qué evaluación hicieron desde Nación?
Bueno, el viceministro (de Economía, Roberto) Feletti nos dijo que no nos creía, que ellos habían hecho sus estudios y que los números eran otros. Nos dijo que habían hecho consultas telefónicas. Ese fue el nivel de evaluación que expresó en la reunión que mantuvimos. Aceptó como real la pérdida de competitividad cambiaria, pero agregó que el proceso apenas estaba comenzando y que todavía existía un margen y que, en ese momento, estábamos en condiciones de otorgar un aumento salarial del 20%, que después fue superior.
¿No les creyeron?
Nosotros en ese momento les solicitamos que nos digan por qué no nos creían, en que basaban su diagnóstico, porque “creer” o “no creer” es altamente subjetivo. Nunca nos contestaron, pero sí nos rechazaron los argumentos diciendo que de ninguna manera iban a subsidiar la actividad y que en todo caso existían otros modelos de acción.
¿Qué significa “otros modelos”?
No sé. Creo que la contestación subjetiva respondió a una decisión política. Pero los hechos nos están dando la razón a nosotros. Gracias a Dios, de esa reunión también surgió la posibilidad del Observatorio, que nosotros también lo pedíamos.
¿Por qué lo pedían?
Precisamente por la desconfianza. En toda la cadena existe una gran desconfianza de los actores. Incluso entre funcionarios provinciales y funcionarios nacionales. En ese momento nosotros avalamos la formación de un Observatorio, porque veíamos que nuestras cifras estaban siendo desechadas sin un argumento objetivo.
¿Consiguieron esos argumentos?
Lamentablemente vemos que las soluciones siguen demorándose. El Observatorio ya realizó una serie de evaluaciones en forma conjunta y existen una serie de coincidencias de que la crisis está.
¿Cómo evalúa la Cámara los resultados que trascendieron del Observatorio?
Aunque podemos tener algunas diferencias, en líneas generales compartimos esos resultados.
¿La falta de unidad en el diagnóstico, con desconfianza incluida, entre los distintos actores políticos y económicos puede ser una de las razones de la demora?
Sólo hablo de los hechos que puedo dar fe. Recientemente escuché por televisión a funcionarios de alto nivel que han estado trabajando acá en el valle hablar sobre algo que llaman “el nuevo modelo frutícola”, lo que aparentemente sería la nueva política de Estado.
¿En qué consiste ese “nuevo modelo frutícola”?
Aparentemente se incentiva el desarrollo del cooperativismo y la integración, cosa en la que coincidimos, nosotros somos una cámara de productores integrados. Yo mismo estoy en una cooperativa que tiene más de 65 años de antigüedad. Lo que pasa es que la administración de todo este proceso pasa, aparentemente por decisiones políticas que no están muy claras. Quiero insistir en que la crisis afecta a toda la cadena frutícola. A los integrados y a los no integrados. Evidentemente nosotros podemos pensar en distintos niveles de integración y cooperativismo, pero si la actividad está sin rentabilidad y al borde del colapso estas cuestiones pasan a un segundo plano. Estamos generando una expectativa que puede terminar en un fracaso más.
¿Usted dónde cree que está el problema, en una supuesta voluntad de desatención del poder político o en la falta de llegada a quienes toman las decisiones?
Creo que desde el punto de vista de las políticas agropecuarias y económicas todavía no hemos sabido nosotros llegar con la credibilidad suficiente para que entiendan que nuestra economía regional tiene características particulares, pero que, en especial, es distinta de la economía de la pampa húmeda. Aquí la mano de obra representa el 50% del producto bruto de la actividad
Bueno, en medio del conflicto por la 125 algunos exportadores locales llamaban desde medios nacionales a la formación de un partido agrario. No parece la mejor manera para que los diferencien de la pampa húmeda…
Estamos pagando el costo. Evidentemente tenemos que hacer una autocrítica. No hemos sabido llegar. Yo siempre lo digo en nuestras reuniones. Pero sí creemos que cualquiera de nosotros, individualmente, tiene la solución, volvemos a equivocarnos. Tenemos que tener una idea de conjunto. No vamos a mover la aguja de las decisiones nacionales si no estamos todos juntos. Todos hemos cometido errores, esta entidad también. Convengamos que esta economía tuvo también otros resultados. A partir de 2003, con el 3 a 1, las ecuaciones eran otras. Si hubo diagnósticos creyendo que esa situación continuaba, no fue así. No debemos olvidar que todo este proceso fue muy cambiante, tanto en la economía argentina como en la internacional. También es cierto que por la gran dinámica que tiene nuestra actividad, si no dan un poco de oxígeno rápidamente podremos recuperarnos. Hoy hablamos de las cuestiones coyunturales porque es la urgencia, pero también tenemos que atacar los problemas estructurales de la cadena, no sólo en la chacra.
Dentro de esta autocrítica a la que hace referencia. ¿Está también la de haberse levantado de la mesa del Plan Frutícola Integral?
Es probable que en eso hayamos cometido un error y también es probable que nos hayan puesto en una encrucijada, que una ley como la de contractualización de la provincia de Río Negro no favoreció a nadie. Los resultados están a la vista. La autocrítica debe ser conjunta. Se insistió en instrumentos que demostraron no servir.
Pero la contractualización no era parte del PFI.
Pero es parte de la autocrítica a la que yo me refiero. Los subsectores siguieron con estrategias aunque no funcionaran.
¿Usted no cree en la necesidad de encontrar mecanismos que bajen la conflictividad de la primera venta?
Seguramente, habría varias alternativas. El planteo del “nuevo modelo” al que nos referíamos podría ser un camino en un marco de rentabilidad. Puede ser. Hoy creo que tenemos que ver que las rupturas que se produjeron, algunas por errores propios y otras incentivadas por acciones u omisiones no nos ayudaron en nada. Por eso hoy no logramos transmitir todo esto que parece tan fácil de explicar a los organismos que toman decisiones a nivel nacional.
¿Las provincias no sirvieron como facilitadoras en la relación con Nación?
La verdad, no. Habría que hacer algunas aclaraciones. Más allá de las declamaciones, lo real es que existen intereses políticos duales. Y en esta conflictividad la realidad política supera a la realidad económica. Nosotros estamos tratando de transmitir en todos los ámbitos que este es un problema económico más allá de la realidad política. Y nos cuesta.
¿Cuáles son las medidas concretas de política que la Cámara espera?
Creemos que en este momento tenemos que estar todos juntos, a pesar de las diferencias y que por la gravedad de la situación más que buscar responsables, tenemos que buscar soluciones. En ese compromiso seguramente cada uno tendrá sus puntos y sus reclamos. Nadie tiene que perder la individualidad, pero tenemos que encontrar los puntos comunes para salir de la encrucijada. Hoy salir de la encrucijada significa que el productor pueda continuar con las tareas en las chacras, porque si no los tiempos de la producción se pierden. Si se pierde la calidad del producto, toda la cadena sufrirá las consecuencias de manera explosiva. Chico, mediano y grande deben producir. En este sentido quiero valorar una presentación conjunta que ya se hizo ante el Ministerio de Agricultura, con la firma de Federación y representantes de las provincias, para lograr que los disponer sean entregados este año a todas las parcelas hasta 100 ha.
¿Qué medidas concretas le pide CAFI a Nación?
Como le dije a lo largo de la charla, somos conscientes de la falta de confianza y de credibilidad que existe en la cadena. Somos conscientes de que esto es así. Y porque somos conscientes creemos que tenemos que acompañar a todos los sectores. Juntos. Si la propuesta es de CAFI solamente, pierde valor. Nosotros estamos acompañando las demandas de Federación, las hemos leído y estamos de acuerdo…
Federación está pidiendo las demandas históricas de CAFI: eliminación de retenciones, aumentos de reembolsos, baja de cargas… sería raro que CAFI no acompañe.
Es un error de su parte creer que son las demandas de CAFI, son las demandas de todos. Hay una gran heterogeneidad al interior del circuito, hay cooperativas, sociedades de productores, empresas familiares, empresas que sólo comercializan, multinacionales. Esta diversidad es también su riqueza y la que hizo que hoy lleguemos a más de 50 mercados en todo el mundo. A lo largo de su historia la fruticultura regional se fue integrando. Hoy tenemos un porcentaje de productores que por distintas razones no lo están. Representan entre un 30 y un 40% de la producción. Pero también el que no está integrado sabe y es consciente que la actividad tiene como destino la exportación. No hay otra posibilidad. El valle nace y se desarrolla orientado al exterior. Y estas medidas son para resolver los problemas de una economía exportadora.
Transparencia
¿Cuál es su opinión sobre una ley nacional de transparencia, también incluida en los 14 puntos demandados por la Federación de Productores?
Estamos totalmente de acuerdo con buscar la transparencia al interior del circuito. También, en la necesidad de modificar relaciones deterioradas y que no sirven, porque tienen que beneficiarse las dos partes. Hoy estamos estudiando técnicamente esta ley, que viene de la ley PACA estadounidense (para la comercialización de productos perecederos), pero puedo adelantarle que buscar herramientas que faciliten la transparencia y la participación en el negocio es fundamental, sea a través de este u otro instrumento. También creo que si es una ley que limita o condiciona desplazando sectores no sirve. La transformación tiene que venir de una sumatoria de esfuerzos que conduzcan a que empecemos a crecer productivamente. Hace 25 años que tenemos la misma cantidad de producción y hace 5 ó 6 años que no hay inversión. Este modelo está agotado, y me refiero al modelo frutícola, que no se malentienda.


