Gómez desmintió haber atropellado al policía
"El diputado es respetuoso de la ley y nunca ha violado la normativa vigente ni ha causado perjuicio alguno a los efectivos policiales", describe el parte que emitió ayer la oficina de prensa del funcionario.
Además, Gómez, uno de los tres legisladores petroleros, aclaró que los trascendidos recogidos por los medios locales "son falsos e inexactos".
El diputado y su hermano -quien lo acompañaba esa noche- iniciarán las denuncias penales correspondientes "por las agresiones y abusos recibidos de efectivos policiales, como así también en la Dirección de Asuntos Internos dependiente de la Jefatura de Policía de la Provincia del Neuquén", se detalló mediante el comunicado.
El martes pasado por la noche el diputado fue detenido por un operativo de la Policía de Tránsito de Neuquén al hablar por teléfono mientras conducía por las calles Gatica y San Martín.
Según indicó el jefe de la Policía de Neuquén, Juan Carlos Lepen, "luego de pedir a Gómez que estacionara, los oficiales advirtieron que el carnet y los papeles del seguro no estaban actualizados".
La denuncia que hizo ayer el oficial indicaría que él se habría colocado delante de la camioneta de Gómez para evitar que el funcionario evadiera la multa escapándose. Según esta versión, fue en ese momento que Gómez aceleró y embistió al policía. Sin embargo, luego el funcionario hizo una contradenuncia que desmintió tales dichos. Gómez dijo que él y su acompañante fueron víctimas de agresiones por parte del personal de Tránsito.
Malacostumbrados
Tan lejos de la timidez de los inicios de la nueva democracia como de la desvergonzada década del 90, la dirigencia argentina parece haber encontrado una inclinada medianía que no colma las expectativas de la sociedad.
Los argentinos ya vimos casi todo lo desgraciado que podían mostrarnos los gobernantes: corrupción, prepotencia, inoperancia, despilfarro, opulencia, autoritarismo, soberbia. Comportamientos, por lo general, nunca equiparados por los intachables.
Entonces, con un horizonte abollado por el maltrato, lo malo parece normal; y se convalida tácitamente.
Y ya no exigimos excelencia ni honorabilidad, virtudes que deberían ser parte de cada uno de nuestros representantes.


