La conflictividad sindical es uno de los focos calientes para los gobiernos de la nación, la provincia y algunos municipios por estos días, a poco de que comiencen a delinearse los primeros trazos de la campaña electoral para los comicios legislativos.
Horacio “Pechi” Quiroga se sacó el problema de encima a fines del año pasado con un cierre de partidarias anticipado. Con eso, en la pelea política local contra el MPN, le sacó una ventaja al gobierno provincial. En una situación similar quedó otro rival del partido provincial, Ramón Rioseco, quien tiene su ancla principal en Cutral Co, donde su hermano, José, también adelantó las paritarias.
El gobernador Omar Gutiérrez tiene que resolver el frente estatal mientras monitorea levantamientos particulares en compañías petroleras que no pagan los sueldos o directamente echan trabajadores, o en empresas que cierran, como Textil Neuquén, pero sin grandes problemas con el sindicalismo más pesado del sector privado por ahora. En el ámbito público, Gutiérrez está negociando, sin avances aparentes, con ATE y ATEN, con lo cual Neuquén tiene días de rutas cortadas, reparticiones paradas y escuelas sin clases.
El costo electoral de las paritarias es imposible medir de antemano. Mauricio Macri tiene un panorama diferente. Con una crisis en el sector industrial, que ha generado despidos resonantes, el sindicalismo aglutinado en la CGT marchó el martes con un amargo resultado para el triunvirato que conduce la central.
Hasta el momento, el Gobierno ha controlado las acciones de la CGT. La CTA, que amaga con unificarse, no tiene el mismo peso. La interna sindical en la central más importante puede afectar a Macri, por eso el Gobierno no ha querido ser ajeno a su definición.


