Qué difícil es ser mujer en ciertos trabajos! Y si no, que lo digan las trabajadoras municipales destinadas al control del tránsito en la ciudad, que por el solo hecho de su condición de género son atacadas verbal y físicamente por los automovilistas en mayor proporción de lo que lo son los hombres, según reveló el funcionario municipal Facundo Churrarín. Hombres y mujeres al volante no tienen la misma consideración por el personal femenino que por el masculino cuando se les plantan frente a sus vehículos en ocasión de sorprenderlos in fraganti cometiendo una falta a las normas de tránsito. Si el uniforme municipal lo lleva una mujer, hay muchas más chances de que sobrevenga un insulto o una agresión física sin contemplaciones por la humanidad de la agente. Sólo por ser mujer crecen las chances para una reacción violenta.
Las respuestas institucionales ante este tipo de situaciones que viven las mujeres con uniforme no contemplan una diferenciación que tenga en cuenta las divergentes actitudes que genera la condición de género entre los conductores sometidos a un control de tránsito. La realidad empuja a que se tomen recaudos en la legislación punitiva así como hubo que tomarlos cuando empezaron a crecer las muertas a manos de hombres que las elegían como víctimas porque eran mujeres. La violencia de género pasó a ser un agravante de los delitos penales cuando las mujeres ganaron las calles para pedir a gritos que dejen de matarlas.
La situación particular que padecen las inspectoras de tránsito de la ciudad debe abordarse cuanto antes, para no tener que llegar al momento de lamentar males mucho mayores.
Se impone un abordaje particular de la violencia contra las mujeres que controlan el tránsito en la ciudad.


