Neuquén > El ritmo de crecimiento de la actividad es vertiginoso. Cada vez más gente se vuelca al río. Como ilustración de este fenómeno, en el club El Biguá abrieron la escuelita de canotaje hace 3 años y ya tienen cerca de 80 alumnos constantes.
"La gente busca desenchufarse, desestresarse, estar en el agua, hacer una actividad aeróbica, mirar el paisaje", señaló Silvia Golouca, vicepresidenta de la comisión del club.
El brazo del río Limay que comparten con otros cuatro clubes se llena de canoas al llegar el atardecer. Se ve a los kayakistas remar contra la corriente hacia Plottier, en el caso de los deportistas que compiten, o sólo circular por el manso brazo que rodea la Isla 132.
"Estamos limitados por el espacio porque es un brazo muy agradable para nadar y también para iniciarse en la actividad pero no es tan grande como para que estemos todos, así que nosotros salimos después de las 19 y por la mañana con los más chicos", señaló Darío Laredo, coordinador de la disciplina deportiva del club y profesor de remo.
Ni bien empiezan los días templados la gente se acerca a los clubes de la zona para comenzar con la actividad, que en invierno sólo mantiene a los adeptos valientes que compiten y se lo toman más en serio.
Para todos
"Tenemos cuatro niveles: el recreativo para los que quieren dar una vuelta sin aventurarse demasiado, el avanzado que pretende ir un poco más lejos en la actividad, el competitivo y el semillero para los niños de 6 a 11 años", explicó Laredo.
Según explicaron, hay cerca de 90 personas haciendo canotaje recreativo en los distintos horarios que ofrece el club y unos 30 que compiten. "La actividad recibe a tanta gente nueva por año que tuvimos que invertir en una botera, agrandamos la nuestra de la escuelita y realizamos una nueva para 130 embarcaciones, esa será para que los socios guarden su kayak. Todavía no la inauguramos pero será pronto", señaló Golouca.


