Neuquén vive una crisis de empleo inesperada al calor de los anuncios de inversiones en los yacimientos de Vaca Muerta. Mientras la gigante trasnacional ítalo-argentina Techint avanza con la inclusión de más de mil trabajadores de la construcción y el petróleo, en el plan más ambicioso de los presentados desde que se anunció la flexibilización laboral y los fuertes incentivos mediante subsidios para la extracción de gas en los pozos no convencionales de la famosa formación neuquina, se multiplicaron las familias afectadas por problemas relacionados con el empleo. Según el último informe del Indec en la materia, ajustado a las mediciones del segundo trimestre que se conocieron la semana pasada, en la provincia hay 10 mil desocupados y una cantidad similar de subocupados, esto es, trabajadores que se desempeñan en el circuito informal, con ingresos paupérrimos y sin red de contención sanitaria o previsional. La desocupación del segundo trimestre midió un 25% más que la del primero (unas 3300 personas), mientras los subocupados eran más del doble a finales de junio que a finales de marzo. Al mismo tiempo, los costos de los servicios volaron sin atención por los vaivenes del empleo de la población y la inflación creció muy por encima de las metas que usó el Gobierno para indexar los ingresos formales de los trabajadores, con lo cual se redujo el poder adquisitivo de estos, con la consecuente contracción del derrame hacia los sectores que hacen de las changas una forma de sustentarse la vida.
El desafío inmediato para los gobernantes y empresarios interesados en agrandar sus riquezas con los recursos de Neuquén es descomprimir la presión de la falta de empleo.
El desafío inmediato del Gobierno y las empresas es saldar la crisis de empleo que se cocina en Neuquén.


