La encrucijada de Aranguren

La pulseada del gobierno nacional con la petroleras no terminó. El ministro de Energía, Juan José Aranguren, citó de urgencia el jueves pasado a los referentes de las compañías para tratar de encontrar un camino de consenso que evite que los precios de los surtidores se pongan a tono con los del barril de crudo en los mercados internacionales. No llegaron a un acuerdo, pero seguirán negociando. La movida implica un giro rotundo en la decisión que tomó el mismo ministro a fines del año pasado: liberar los precios de los combustibles al mercado. Ahora el Gobierno necesita frenar el alza de los combustibles por el peso que tienen como insumo en el resto de la economía.

¿Quién paga el costo? Eso está en juego en la pulseada iniciada la semana pasada, que a la vez implicó renegociar los términos de un acuerdo firmado el 8 de mayo por Aranguren con las tres petroleras más pesadas: YPF, Pan American Energy y Shell. No duró ni un mes aquel acuerdo, que fijaba un congelamiento por dos meses y luego seis meses con aumentos controlados.

Los refinadores dicen que no pueden pagar lo que vale el barril al precio internacional, alrededor de 78 dólares. Para mantener los precios actuales de los surtidores pretenden un barril a 65 dólares como máximo. Y entonces entró a tallar la posibilidad de que el Gobierno vuelva a una política que criticó del kirchnerismo: la del barril criollo, que despegaría el precio local al del internacional, esta vez en contra de las compañías que producen crudo. Para evitar que se traslade a los surtidores el barril internacional hay dos opciones: que las productoras acepten perder con un barril criollo o que el Gobierno las compense, a un costo para el fisco de 100 mil millones de pesos hasta diciembre.

Negocia con las petroleras la vuelta a un barril criollo, que tanto le criticó al kirchnerismo, para que no suba la nafta.

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