La historia de una canción que se convirtió en emblema de Neuquén

"Quimey Neuquén", una de las grandes obras de Milton Aguilar, tuvo en un principio ritmo de zamba. Luego, Marcelo Berbel le incorporó la cadencia del loncomeo mapuche.

Mario Cippitelli - cippitellim@lmneuquen.com.ar

Suyai era una nena el día que escuchó por primera vez aquella canción tan sentida y nostálgica que hablaba de Neuquén y que comenzaba con una frase que reflejaba la geografía agreste y la historia de la tierra donde había nacido: “Flor de los arenales. Regada en sangre del bravo Sayhueque…”.

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En realidad, primero escuchó los versos y luego fue testigo de cada acorde que comenzó a brotar de la guitarra.

En la casa de la calle Talero, Milton Aguilar –su padre- y Marcelo Berbel –el músico neuquino- se habían reunido aquella noche para hablar de poesía y canciones, pero particularmente, de un poema que Milton había escrito durante los años que vivía en Buenos Aires y que había titulado “Quimey Neuquén”.

Milton leía las estrofas de su creación. Don Marcelo escuchaba atentamente, igual que Suyai. Cada tanto se producían algunos silencios que eran quebrados por las cuerdas de la guitarra, vibrando al ritmo del loncomeo mapuche. Y así volvían a escuchar los versos. Y luego los acordes.

“Del cielo la honda noche/ Se oye del viento la serenata/ Tupos la luna prende/ En la negra cimba de mi araucana...”. Milton recitaba. Marcelo pensaba. Ambos compartían opiniones. Debería ser un poco más lenta o más nostálgica. Tal vez algo triste. La guitarra volvía a sonar. Suyai seguía atenta.

En Buenos Aires, Milton le había encargado la música para su escrito a una artista que escuchó el poema y se ofreció para musicalizarlo. Pero el producto de aquella composición había terminado en una zamba sureña. No estaba mal, pero para el poeta neuquino, la canción tenía que tener una cadencia más triste y melancólica, un poco más lenta, que se fundiera con la letra. Tenía que ser una suerte de recitado cantado, algo distinto a las canciones folclóricas tradicionales.

Quimey Neuquén Los Hermanos Berbel

Milton no sabía cantar. Era un gran recitador de voz profunda, capaz de expresar decenas de sentimientos con inflexiones y silencios. Marcelo tarareaba la melodía y estaba más concentrado en la composición de aquella música que en otra cosa. Intuía que ese poema algún día se convertiría en un símbolo de Neuquén.

Fue Suyai la que tomó la posta, a pedido de Milton. Ella cantaba muy bien y no dudó un segundo en entonar los primeros versos. En aquel momento no se dio cuenta de que sería la primera persona que cantaría la famosa canción “Quimey Neuquén”, que luego grabaría José Larralde y que muchos años después –de manera increíble- sería escuchada en todo el mundo.

La canción "Quimey Neuquén" fue interpretada por numerosos músicos de Argentina y Latinoamérica.

La anécdota –casi desconocida- viene bien para recordar a modo de homenaje a Milton Aguilar, un pintoresco y talentoso personaje que fue un referente de la Neuquén de años pasados y del que se habló mucho, pero siempre es importante traerlo al presente.

Milton fue poeta, locutor, recitador, conductor de televisión, publicista y también empresario del mundo artístico encargado de traer a la región a los mejores exponentes de la música argentina y latinoamericana.

Nació en Bajada del Agrio, un rincón de este territorio, en 1934, pero sus estudios primarios los hizo en Las Lajas y luego en la ciudad de Neuquén.

Trabajó en la radio LU5, cuando era muy joven, luego se fue a estudiar Medicina a Rosario, carrera que dejó por cuestiones económicas, pero mantuvo su pasión por la radio y hasta integró una compañía de radioteatro que realizaba giras por la provincia de Santa Fe.

La historia de una canción que se convirtió en emblema de Neuquén

Coinciden sus hijos en que los años de mayor felicidad los vivió en Neuquén, especialmente, cuando se desempeñó como maestro rural en una pequeña escuela de Kilca, un paraje cercano a Aluminé. Milton tenía una gran vocación de docente. Disfrutaba de la enseñanza y la compañía de sus alumnos, aquellos chicos tan desprotegidos que vivían en ese lugar inhóspito y difícil, con nevadas que parecían eternas y con todo tipo de necesidades.

Su espíritu inquieto lo llevó a Buenos Aires al poco tiempo, donde retomó su gran pasión como locutor. Trabajó en radio Rivadavia, en Radio El Mundo y en Canal 11, donde se relacionó con grandes profesionales de los medios y referentes de la cultura y el folclore latinoamericano.

Después regresaría a Neuquén, esta vez para siempre, para seguir con su carrera artística en radios regionales y en la televisión local, que recién comenzaba a dar sus primeros pasos.

Se podrían recordar muchas anécdotas de Milton, pero esta es, sin dudas, muy valiosa porque es desconocida para la mayoría de los neuquinos y porque “Quimey Neuquén”, ese poema compuesto en la lejanía y con una gran carga de nostalgia, fue interpretado años después por cantantes de todo el país.

Como si fuera poco, y de manera inesperada, la canción también se hizo mundialmente famosa por la serie Breaking Bad, cuando en uno de los capítulos de la quinta temporada comenzaron a sonar los acordes de guitarra y el ritmo de loncomeo, y la voz de José Larralde apareció hablando de aquella flor de los arenales.

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