La lección de la huelga docente

La huelga docente ahora obliga a remar. Lo que se perdió no se podrá recuperar, por más eufemismos que se utilicen en las declaraciones para la tribuna. Y lo que se puede ganar es mucho si se toma nota de algunas lecciones que han dejado otros conflictos en Educación que se desarrollaron con guiones más o menos parecidos al que se cerró esta semana.

Desde esta misma columna se apuntaba tiempo atrás que la educación pública ya estaba estresada no bien comenzaron las primeras medidas de fuerza. Y el estrés, cuando no se corrige a tiempo, tiene consecuencias indeseadas.

Luego de afinar el lápiz para morigerar los perjuicios ocasionados por la inactividad en las aulas, será necesaria una profunda autocrítica.

Omar Gutiérrez atravesó con los docentes el primer gran conflicto de envergadura de su gestión como gobernador. Su intransigencia fue tan grande como su silencio. El Gobierno utilizó como portavoces a funcionarios que ya venían con desgastes considerables de anteriores conflictos y cuya credibilidad ha quedado maltrecha. Si de algo pueden servirle las rectificaciones concedidas, es que algunas cosas no se pueden repetir.

En un contexto tan delicado como el actual –inflación, recesión y devaluación– es difícil mantener el timón, a veces es necesario dar un golpe de dirección, y volver atrás no siempre es signo de debilidad.

Neuquén dedicó demasiada energía para discutir leyes de dudosa aplicación en un sistema educativo que carga con lastres muy pesados, no sólo en sus relaciones laborales sino de administración y gestión de recursos, que la hace navegar, desde hace mucho, al garete y en la improvisación.

La vuelta a las aulas obliga a remar, pero también a una autocrítica para evitar repeticiones.

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