La libreta roja ya no importa

La tendencia de las parejas neuquinas de concretar una unión convivencial más que dar el sí frente a un altar refleja que el casamiento dejó de ser una obligación o, mejor dicho, un mandato familiar o moral. Según datos del Registro Civil de la provincia, desde que se reformó el Código Civil, que entró en vigencia en 2015, las uniones convivenciales duplicaron a los matrimonios.

Antes de ponerse en vigencia esta forma de unión, muchas familias vivían bajo esta modalidad, ya que según el último censo del 2010 el 40 por ciento de la población argentina era conviviente.

Según las cifras brindadas por el Registro Civil provincial, mostrar la libreta roja mientras un grupo de familiares se preparan para arrojarle arroz parece ya no representar ni interesar tanto a las parejas jóvenes y no tanto, que se inclinan por probar con una convivencia y así gambetear las ataduras de cualquier tipo.

Acaso las explicaciones deban analizarse con la mirada puesta en los cambios socioculturales que viene registrando una sociedad que continúa su evolución.

Para algunos especialistas, existe en la actualidad el miedo a asumir el compromiso que implica un proyecto a largo plazo para el que no se sabe si se está preparado o capaz para afrontarlo. Más allá de otras causas, como la falta de trabajo, o un empleo mal remunerado u otros síntomas de la época.

El nuevo código dio respuesta a este tipo de uniones. Sepultó ese modelo único de familia que parecía más una imposición que una elección.

En otras palabras, dio legitimidad al derecho de quienes querían formar una familia de la manera que sentían y deseaban.

El nuevo código dio respuesta a ese tipo de unión. Sepultó ese antiguo modelo único de familia.

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