La nafta como termómetro

El surtidor de nafta es una especie de termómetro de los primeros cuatro meses del año. Los neuquinos habían festejado la irrupción del combustible a precio patagónico: en el tramo final del 2015 el Congreso aplicó una baja del 20% para los consumidores locales. Así, se dijo, se hacía justicia con el lugar de donde sale el grueso de los hidrocarburos. Duró poco: el beneficio quedó licuado en el primer cuatrimestre del año, con una variación que, acumulada, llega al 28 por ciento. Así, por caso, la nafta súper de YPF llegó a $15,53. Como en todo el país, la suba se trasladará a los precios: cerca del 80% de las mercancías se transporta en camiones. Hay una suerte de paradoja en todo esto. El precio sostén del barril del petróleo, que mantiene los alicaídos niveles productivos de un sector en crisis, está anclado en 67,50 dólares (en el resto del mundo vale 40). Sin esta política, las empresas no tendrían empacho en dejar sin trabajo a miles de empleados en todas las cuencas del país. Pero al mismo tiempo, es parte del dolor de cabeza para los consumidores locales, como lo es el aumento del gas que producen las petroleras, que ya se trasladó a la tarifa. Las refinadoras que compran ese petróleo al precio interno más caro trasladan ese valor a sus productos, entre ellos, las naftas. La política energética fue crucial para la actividad económica del gobierno anterior. Miles de millones de dólares se fueron del BCRA en buques de gas y allí comenzó a perder la batalla del precio del dólar. Hoy, por otra vía, las durísimas subas en cuestión de meses impactan también de lleno en el bolsillo de los consumidores. Lo ven y lo seguirán viendo en los hipermercados: en tan sólo tres meses la inflación fue del 12,83% en Neuquén.

La política energética vuelve a ser un tema central, que ahora se traduce en el precio de los combustibles.

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