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La Mañana

La Policía al banquillo

No deja de preocupar la cantidad de policías que proceden en forma ilegal y su accionar dinamita la confianza en la institución.

Alguna vez el ex ministro de Seguridad Gabriel Gastaminza me dijo que no era ni el uno por ciento la cantidad de efectivos policiales involucrados en delitos en general. Al margen de que el dato es cierto, le recordé que con la Policía pasa lo mismo que con la curia: un sacerdote descarriado genera el mismo rechazo social que un policía delinquiendo. Esto es por una sencilla razón: la sociedad no espera eso de ellos.

Recientemente el escándalo lo desató el titular de la Comisaría Cuarta, Carlos Abello. Con 25 años de antigüedad en la Policía, el hombre fue detenido en Easy robando mechas, brocas y puntas por 1500 pesos. Los jefes lo pasaron a disponibilidad de inmediato.

Ahora enjuiciaron al agente Francisco Muñoz por darle una golpiza a un pibe porque creyó que le había robado la moto. En resumidas cuentas, el caso dejó tela para cortar. Primero, un policía víctima de delito tiene la posibilidad real de acelerar la investigación valiéndose de toda la institución. Segundo, cuenta con el apoyo de sus compañeros hasta para actuar fuera de la ley como en este caso, donde tres efectivos más, de servicio, lo ayudaron a ir hasta una zona cercana al río para golpear al presunto ladrón, rompiendo así con toda la legalidad del accionar policial.

En contrapartida a estas situaciones que trascendieron en los últimos 15 días se puede destacar la rápida depuración que fomenta la misma fuerza aunque el daño que provocaron estos policías es mayor porque impacta en la confianza de la sociedad que nunca termina de restituirse.

Un comisario ladrón y un agente enjuiciado por golpear a un pibe dinamitaron la confianza en la Policía.