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La Mañana

"Las casadas miran a las solteras como amenaza"

La periodista y escritora Valeria Schapira habla con humor y acidez de los hombres y de su propio género. Dice que las mujeres son las primeras machistas.

Por PAULA BISTAGNINO

Buenos Aires > Licenciada en Comunicación Social de la Universidad de Rosario, traductora de inglés, periodista con 20 años de trayectoria en radio y televisión, especializada en la BBC de Londres y Televisión Española de Madrid, guionista y productora. Antes, mientras y después de todo eso, Valeria Schapira es una mujer que apenas abre la boca convoca; sea a la polémica, a la risa o a la reflexión. “¿Para cuándo una mujer recién parida en la tapa de una revista diciendo que el posparto no es maravilloso y que la plenitud no se parece en nada a ese estado? ¿Para cuándo una soltera de cuarenta y pico diciendo que es feliz sin un marido que le esté preparando un asado? Estoy cansada de los modelos de felicidad única. Yo soy como una denunciante crónica del machismo, de los prejuicios, de los mandatos y de todo lo que nos va pasando en la vida pero que muchas veces se esconde”, dispara sin anestesia y ostenta, irónicamente, una calcomanía en el auto de su familia: una nena y un perro. A los 42, divorciada, sin hijos ni pareja -ahora-, acaba de publicar su noveno libro, Tengo 40 ¿y qué? (Grijalbo) en el que analiza todos las transformaciones que atraviesa una mujer en esta “década bisagra” y afirma que es el mejor momento de la vida.
 
¿Qué pasa a los 40?
A los 40 pasa todo: cambia el cuerpo, la piel, el pelo... O te ponés la crema del cuerpo en la cabeza, ¡porque tenés presbicia! Y eso es un cimbronazo que moviliza mucho a las mujeres. Hay algo potente e intenso que sucede al cruzar este número porque funciona como una barrera entre un pasado y un futuro que generan la necesidad de una transformación. Es como la mitad de la vida, como un nuevo comienzo en el que se tiene la ventaja de empezar con mucho recorrido, con el saber que te dan cuatro décadas de experiencia y todas las ganas de aprovechar oportunidades. Uno ya sabe lo que le gusta, lo que no, deja de perder el tiempo en cosas que no le interesan y valora sus espacios y su tiempo. Es el momento de despegarse de las proyecciones ajenas de los propios deseos y eso es crecimiento puro. Y felicidad. Se capitaliza, todo esto siempre que uno quiera, en sabiduría de vida.
 
¿Por qué a los hombres no les pasa lo mismo?
Para las mujeres es mucho más fuerte el cimbronazo. Yo digo que a los tipos les regalás un autito y están hechos, a los 5 años y a los 50 también. Quiero decir que no tienen estos cimbronazos vitales de las mujeres y que recién a los 50, que es cuando sienten eso que nosotras sentimos a los 40, por ahí les agarra. Yo no veo tanto hombre de 40 con conflicto existencial porque todavía están en carrera: se pueden levantar a una piba de 20 tranquilamente, incluso pueden ponerse recién a pensar en una familia, si quieren, a esa edad. Para las mujeres es inevitablemente más difícil.
 
De todas maneras, una de las cosas que cuenta el libro es que a muchos veinteañeros les gustan las cuarentonas...
También. Pero no hay chances de futuro ahí. Es una cuestión sobre todo sexual, que tiene que ver con que las mujeres a los 40 tienen otras libertades en todo sentido y eso se refleja en la cama. Aún cuando los años se empiezan a sentir en el cuerpo -dice mientras se agarra el rollo de la panza y señala las “patas de gallo”-, hay una aceptación que genera libertad y disfrute. La piba de 20 está pensando en que tienen celulitis o que no se depiló, o qué va a pensar y quiere apagar la luz para desnudarse. Las de 40 ya estamos de vuelta en eso.  Y sabemos que un tipo no se calienta con una mina perfecta sino con una mina reconciliada consigo misma y que el sexo es mucho más lindo cuando pasa eso.

Tanto en "Monólogo de una mina sola", como en "Los muertos de mi placard", el puntapié de sus libros suele ser su propia vida y experiencia, ¿Qué le pasó a usted con los 40?
En realidad yo los pasé y después me di cuenta de todo esto. A los 40 escribí "Los muertos de mi placard", porque  me agarró toda la crisis de los vínculos que no habían podido ser. Fue un repaso necesario y transformador sobre mis relaciones, tanto reales como platónicas... Un ejercicio de autoconocimiento genial que decidí escribir con mi estilo y humor. 
 
A los 40 también se desnudó por primera vez para el público en "Interviú", ¿fue una manera de afrontar la crisis o una provocación?
La primera vez que me desnudé en realidad fue justo a los 40, para la tapa de "Los muertos de mi placard". Me lo propuso el fotógrafo Gabriel Roca y yo le dije que estaba loco. Pero después dije, ¿por qué no? Y cuando llegó la propuesta de "Interviú" ya estaba más preparada... La gente se ve que no, porque recibí ataques feroces y horribles. Lo hice por muchas razones: una tiene que ver con esto de mostrar eso que se esconde, que es el cuerpo de las mujeres “normales”, “reales”, las que estamos en la calle, que laburamos, nos bancamos solas y no tenemos la bendición de la naturaleza que tienen el 1 %, que son las que salen en las revistas; ni las seis horas diarias para ir al gimnasio, a centros de estética y todo eso. Me desnudé como soy, con las tetas reales de una mina de 42 años sin siliconas. Es más un mensaje que una provocación. Es como homenajear a las otras mujeres, que son la mayoría y no están en los medios.
 
Decía que las críticas fueron terribles, ¿qué es lo que no se permite?.
No se permiten otros modelos. Nos queremos hacer los superados, pero esta sociedad no se fuma lo diferente. Lo digo como celíaca, divorciada, sin hijos, etc. Es un problema latinoamericano, pero sobre todo argentino. Todos estos mambos que existen acá en Europa ya los tienen recontra procesados. Yo me fui a los veintipico a laburar allá y me di cuenta de que eso que me pasaba acá cuando me iba a comprar un jean, que obviamente nunca había del que yo quería en mi talle, era un problema de Argentina y no de mi cuerpo. Allá tenía todas las opciones y modelos en mi talle. Así con todo: con la soltería, con los mandatos, con el casamiento, con el modelo de familia... Son cosas que joden y que duelen. Porque el mandato bombardea desde todos lados y sin descanso. Sobre todo en mi generación y las que siguen para arriba y abajo. tenemos el modelo de los viejos internalizado y cuesta sacárselo de encima sin culpa. En mi caso lo logré invirtiendo una pequeña fortuna en terapia para extirparlo. Y ayudó que mis viejos, con todo el dolor que eso me genera, murieron jóvenes. Si no, no estoy segura de que hubiera podido hacer este proceso. Porque para ellos sería un gran problema que yo diga lo que digo.
 
¿Es difícil, aunque sea una decisión de vida, llegar a los 40 sin pareja y sin hijos?
Es difícil para la mujer latinoamericana, que es muy prejuiciosa y muy machista. En los últimos años, con mucho dolor, he descubierto que las peores machistas son las mujeres. Lo veo en los comentarios que me hacen en la web: muchas de las que me atacan son mujeres. Las mujeres somos las peores enemigas de las mujeres que toman otro camino. Yo no sé si vos te vas a tomar un café con un tipo y le va a importar tanto que no tengas un hijo, pero una mujer te lo pregunta siempre. Porque la mujer tiene más incorporado el mandato y porque me parece que las solteras a veces somos miradas como una amenaza para las casadas. A mí me encantaría, desde mi modesto lugar, ayudarles a cambiar la cabeza a las mujeres en el sentido de que hay un montón de caminos que no necesariamente tienen que ver con la casa, el jardín, la pileta, el marido con el chorizo en la mano y la calcomanía de la familia tipo en el auto. Entiendo y respeto ese modelo, pero yo no lo compro y muchas mujeres no lo compran. Yo no soy resentida. Yo probé el modelo y no me funcionó. Y es difícil aceptarlo porque nos imponen eso. Creo que hay que ser muy valiente para bancarse este camino, porque te señalan con el dedo.
 
¿Ve más mujeres felizmente casadas o felizmente solteras?
Cada situación entraña muchas angustias, preguntas y también disfrute. El tema es que todos conocemos las angustias de la soltería pero escondemos las del matrimonio. El camino de la felicidad, con el modelo que sea, es preguntarse, intentar resolver y tratar de sentirse mejor con el camino que uno está haciendo. Los modelos nunca son buenos, porque son irreales y son crueles, son lugares a los que hay que llegar. Y en realidad, ese es el gran aprendizaje de los 40, es que los lugares a los que hay que llegar te impiden disfrutar del camino. Hay una frase que me gusta que dice “Cuando quieras hacer reír a Dios, contale tus planes”. Hay que aprender a disfrutar de cada momento de felicidad, porque problemas y angustias van a haber siempre.
 
En "Diario de una mujer posmo" decía que estaba “harta de hacer de tipo”. ¿Quién ganó y quién perdió con el cambio de roles?
En este momento, me parece que estamos perdiendo todos porque no nos podemos encontrar. Nosotras porque nos quisimos hacer las todopoderosas y ellos porque quedaron medio descolocados... Yo tengo una anécdota, que quedó para siempre como chiste con mis amigas, que es de un tipo que me invitó a tomar un café y cuando trajeron la cuenta me dijo: “Lo tuyo son nueve pesos” (se ríe a carcajadas). Creo que la discusión del feminismo y el machismo es demodé y retrógrada. Por eso me río cuando me acusan de feminista. Yo soy la primera a la que le gusta que le manden flores y que, si la invitan a cenar, le paguen la cuenta. Eso no quiere decir que en una vida de  pareja no crea que se pueden compartir todas las tareas, negociar y acordar, que los dos cocinan y mantienen la casa, etc. Pero estaría bueno revalorizar las diferencias de género y disfrutar de esos lugares. Nos fuimos para el otro lado por demostrar que podemos todo. Y no hay duda de que podemos. Ahora, ¿qué queremos? Porque ahí también hay un mandato en juego, más contemporáneo, pero mandato al fin.
 
¿Qué cree que buscan las mujeres en sus libros?
Mis libros están en el sector de Autoayuda, pero yo siempre digo que deberían estar en el de “Empatía”, porque creo que la frontalidad con la que hablo de mi propia vida, de mis miedos, de mis fobias, de mis errores y dolores, y sobre todo porque me río de mi misma y creo que el humor salva, genera identificación en muchas mujeres. Quizá, muchas veces me lo dicen, revelo demasiadas cosas de mi intimidad y entonces recibo muchos ataques por eso. Pero la verdad es que no tengo mambo con contar nada. Y no lo hago porque me sirva para vender. Al contrario: decir muchas de estas cosas que a algunos le pueden parecer graciosas, tiene un costo alto para mí. Porque hay auspiciantes, medios, etc. a los que les molesta. Pero yo no lo hago para los libros. En verdad, es más un ejercicio de autoconocimiento, crecimiento y reflexión que después se convierte en libro.
 
¿Qué consejo le daría a las mujeres que están atravesando sus 40 para empezar este camino de disfrute?
Dos cosas que tienen que ver con la aceptación, la autoestima y el conocerse para dejar de perder tiempo y energía en lo que uno ya sabe que no lo lleva a ningún lado. Son dos cosas que yo hice: analizar los “muertos de su placard” y sacarse fotos desnuda, que acá parece un delirio pero en Alemania, por ejemplo, es algo típico que los maridos les regalen a las mujeres un book de fotos desnudas. Así que señora: ¡A ponerse en bolas y a disfrutar de la vida que es muy corta!