Las pérdidas
Todos los seres humanos, sin excepción, experimentamos el nacimiento y la muerte, tanto propias como ajenas. Todos atravesamos en algún momento la pérdida de un ser querido, ya sea por fallecimiento, separación o abandono. Cuando alguna de estas cosas sucede, sobreviene lo que se conoce como un período de duelo.
Lo más sano en una etapa de la vida como el duelo es poder expresar nuestras emociones. Mucha gente se queda atada a hechos o personas que tuvieron lugar en su vida porque no logran expresar lo que sienten, y así darle un cierre a su historia. Pero necesitamos saber que permanecer atascados en una emoción negativa sólo nos genera más dolor y no nos permite seguir adelante y avanzar.
¿Qué hacer entonces?
Manifestar primero lo que sentimos, todo el tiempo que sea necesario, para luego soltar el hecho o a la persona.
Todos sufrimos pérdidas a lo largo de la vida. Se estima que podemos llegar a tener unas 40 pérdidas emocionales, las cuales incluyen: una amistad, una pareja, los padres, un hijo, una mudanza, un empleo, una mascota, etc. Por supuesto, no es lo mismo perder un perro o un gato, que un empleo o un hijo. Son diferentes niveles de ausencias, algunas más duras que otras.
¿Por qué nos duelen tanto las pérdidas? Porque los seres humanos tenemos la característica de ligarnos a las cosas y a las personas afectivamente. Es como si pusiéramos una parte de nosotros en ellas (en forma de expectativas, confianza, afecto, etc.). Es decir, que creamos un vínculo que, cuando se rompe, nos deja una marca, una herida, que lleva tiempo sanar. Esta es la razón por la que, cuando perdemos a un ser querido, tenemos la sensación de que algo de nosotros se fue con esa persona y nunca más lo vamos a recuperar.
Lo cierto es que cuanto más amor sentimos, más dolor experimentaremos.
El término duelo quiere decir “combate entre dos”. ¿Quiénes se enfrentan? Una parte que sabe que tiene que aceptar la pérdida (e intenta hacerlo) y otra parte que se niega a aceptarla y permanece en el dolor. Son sentimientos encontrados que provocan una lucha en nuestro interior. Lo normal es que la primera parte termina por aceptar lo sucedido después de un tiempo razonable. Es absolutamente necesario y terapéutico “hacer el duelo”. Con el tiempo, la persona retorna a las conductas que tenía antes de la pérdida y siente que vuelve a tener el control de su vida. Estas son las etapas normales del duelo:
*Reconocimiento de la pérdida.
*Duelo propiamente dicho.
*Regreso a la vida anterior a la pérdida.
Sin embargo, muchas personas no logran elaborar este proceso y presentan ciertas reacciones negativas. Por ejemplo:
-La anulación del duelo. Es decir, hacer de cuenta que no pasó nada y reprimir las emociones.
-La intensificación del duelo. Cuando se sueltan todas las emociones, lo cual puede terminar conduciendo a la depresión. Ante una pérdida, es importante recordar que el dolor que surge en estos casos es un proceso y siempre lleva tiempo elaborar las emociones que surgen. Por eso, tenemos que brindarnos el espacio y el tiempo para vivir ese dolor y reconciliarnos con la vida.
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