Lástima y vergüenza ajena. Esos tristes sentimientos genera ver a Juan Sebastián Verón retirarse del José María Minella rengueando, con evidentes signos de dolor y fatiga, a los pocos minutos de comenzado el partido entre “su Estudiantes” (nunca mejor empleada la expresión) y San Lorenzo.
Lo reemplaza Israel Damonte, según quienes siguen el día a día del Pincha, baluarte del equipo en la última parte de 2016 y en este inicio de año injustamente relegado al banco por el emblema y presidente del León, que decidió volver al fútbol a los 41 años. Un insólito regreso que responde a una estrategia de marketing pero que a la vez conlleva altas dosis de capricho y abuso de poder. Despropósito que el viernes recibió un duro cachetazo de la realidad, esa que indica que a su edad es imposible someterse a la exigencia de la alta competencia.
Si había alguna duda, el desgarro que sufrió la Bruja corrobora que resulta un verdadero disparate su retorno, así como también que el entrenador Nelson Vivas le conceda la titularidad y la cinta de capitán... “No voy a decir nada en contra de esta dirigencia a la que le estoy agradecido por confiar en mí”, declaró luego del partido el propio DT, consultado por las bajas en el plantel y la falta de refuerzos. Allí, en esa sorpresiva demagoga declaración, queda claro cómo piensa el entrenador y que su grado de obsecuencia es tal que permite cualquier cosa en su plantel. El corazón de León de Verón puede querer; su físico ya no se lo permite. Y el crack en el fondo lo sabe. Duele ver a la Bruja irse así, dando lástima, de un campo. Justo él, que actuó en los principales equipos del mundo y jugó mundiales con la Selección. Si pretende un club serio, tendría que dar el ejemplo y brindar otra imagen.
Se desgarró antes de la media hora contra San Lorenzo. Debería replantearse su insólito regreso.


