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La Mañana

Los artesanos que moldean los ríos

El canotaje suma adeptos cada verano. Las manos de dos apasionados fabrican los kayaks que recorren el Limay y el Neuquén. Historia de una amistad y dos emprendimientos.

Neuquén > Murmurador es el río. La compañía de sus aguas rebeldes y el contacto con el entorno natural son lo que imantan a tantas personas hacia el Limay. El cauce que nace en el sur se abraza con el Neuquén para dar vida a infinidad de actividades durante su camino. El canotaje es su estrella.
En mapuche significa susurrador. Tal vez a quienes lo reman sientan una canción hipnótica desde sus aguas porque cada verano se ven más canoas luchando contra su corriente, constantes en el devenir.
Es un deporte, es una competición, es una recreación, es una aventura. Y también es un estilo de vida. Desde la orilla se ve pasar a cientos de kayakistas por día con sus embarcaciones amarillas, rojas, verdes, azules. Muchas de ellas son fabricadas en un tinglado gigante en Parque Industrial, a metros de la orilla del otro río.
Ricardo Balboa y Rodrigo Toledo son socios, amigos y competencia directa. El primero tiene la fábrica de kayaks Ribal Plas y el otro las Toledo, famosas en las aguas neuquinas. Ambos comparten hace unos meses un astillero en la zona este del barrio industrial. Por sus ventanales llega el aire del Neuquén.
Líderes en su mercado, ambos venden sus canoas a toda la Patagonia y trabajan como una mini cooperativa entre dos amigos, funcionan como incentivo para mejorar, como compañía, como ayuda mutua y como respetables adversarios.
 
Historias
"Empecé compitiendo en triatlones y en regatas, quería mejorar mi embarcación, la modifiqué y me gustó. Después me fueron pidiendo algunas más así que comencé a hacer mis propios kayacs", explicó Balboa. Eso fue hace 25 años atrás.
La historia de Toledo es la inversa. Él comenzó a remar luego de convertirse en un fabricador. "Sabía manipular y trabajar la fibra de vidrio entonces me puse a hacer esto, con el tiempo me subí y ahora competimos juntos en algunas carreras", comentó en su astillero del Parque Industrial.
Cada una de las empresas tiene alrededor de 30 modelos de kayacs y fabrican a gran velocidad. Con las altas temperaturas de estas semanas, las que favorecen el secado del material, están haciendo alrededor de dos embarcaciones cada uno por día. Los precios por bote rondan los 4 mil pesos. Durante el invierno refaccionan los viejos.
En el astillero inmenso se ven matrices de kayacs amuradas a la pared, se siento un fuerte olor a resina, mucho calor, algunos perros vagabundos y embarcaciones de todos los colores en el centro del tinglado, recibiendo los últimos retoques antes de la entrega.
Con pincel en mano Toledo explicó que el proceso para hacer una embarcación de este tipo es largo porque los kayacs de esta zona tienen características especiales a los de otros ríos, se deben manipular.
"Tomamos un bote, lo refaccionamos, se moldea, se hace una matriz y de ahí se produce en serie", comentó Toledo.
Balboa señaló que las características del río Limay y Neuquén son muy excepcionales. "Son ríos muy caudalosos, más angostos que otros como el Paraná donde se arman olas inmensas, acá hay olas pequeñas, con cambios de ritmos constantes, muchas piedras, la corriente se modifica todo el tiempo, hay remolinos, es de una riqueza única".
 
Los botes
El kayak de competición es fino y liviano, para ganar velocidad. En el remo recreativo se busca embarcaciones más anchas, que sean más estables, rondan los 22 kilos, pueden ser individuales o dobles, abiertas o semicerradas. Para la Regata de Río Negro que empieza el sábado próximo es requisito que sean de 35 kilos.
Las embarcaciones Toledo y Ribal flotan multitudinarias por los ríos de la Patagonia y la zona cuyana. "Nos hacen pedidos desde Mendoza o Córdoba, también desde Esquel. Trabajamos mucho por allá, la semana pasado enviamos 15 kayacs", explicaron.
Ambos comenzaron a fabricar en sus casas y luego se abrieron un local en Río Negro al 2.000, frente a la zona de clubes náuticos y deportivos. Hace dos meses que comparten el astillero en Parque Industrial. "Todavía no somos empresarios, somos los que barremos, los que fabricamos y los que atendemos", bromearon.
El astillero rebalsa de trabajo y aseguran que pedidos no les falta, que temen no dar abasto. "Estamos intentando la optimización del trabajo. Estamos juntos porque somos amigos hace años y a la vez somos competencia. Nos cuidamos mutuamente, él no va a dejar que yo sea mejor y yo tampoco lo haría por él, compartimos el trabajo y nos exigimos. Es un trabajo difícil, hay que ser honesto consigo mismo y luego con el otro", dijo Balboa.
Ambos se van con sus trabajos a los "tetras" a competir y a vender sus productos. Ahí se divierten en el agua y aprovechan a dar a conocer sus embarcaciones.
 
El río
El trabajo no tiene sentido sin el río. La naturaleza es el motor de ellos y el de sus clientes. El deporte al aire libre, la conexión con el entorno, con los demás. Balboa y Toledo reconocen que cada vez son más los que eligen una nueva forma de relacionarse consigo mismo y el deporte, con hábitos más saludables.
"El canotaje hizo que la sociedad se encuentre con la paz que perdió en la ciudad, que se conecte con la naturaleza, que se desenganche de los problemas, que vea la ciudad desde otro lugar", reflexionó Balboa.
Eso se trasluce en la cantidad de gente que se ve remando los ríos cada día. Año tras año, el Limay crece en adeptos a su corriente.
Los clubes ubicados sobre el brazo que rodea a la Isla 132 absorben la demanda de los deportistas que buscan en el remo la oportunidad de salir de su rutina laboral y conectarse con el entorno natural.

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