Dónde estaba Sergio Marchi cuando a los jugadores de Cipo les partieron la cabeza a piedrazos en el Maiolino?, ¿se enteró de que la semana pasada el clásico neuquino por el Federal C se jugó a las cinco de la tarde con casi 40 grados de calor? Difícilmente mire más allá de la General Paz el hombre que no fue capaz de plantarse ante muertes absurdas de integrantes de su debilitado gremio, sino que agachó la cabeza y permitió el “siga, siga...” de la AFA. ¿Cuánto hace que no daba la cara quien quedó salpicado por la millonaria malversación de fondos en el fútbol argentino? Justo cuando todos los sectores del popular deporte claman a gritos y de manera desesperada por el regreso de la actividad, con los muchachos que representa a la cabeza, reaparece Marchi con una postura intransigente que puede alargar el sufrimiento de los sectores más castigados y vulnerables: el ascenso y el interior. Está claro que es legítimo el reclamo pero llega tarde, a destiempo, en un momento en que la insostenible situación tendía a encaminarse rumbo a una parcial solución.
¿Tiene el apoyo real y general de los futbolistas? Definitivamente no. Nadie saldrá a vociferarlo a los medios, pero hasta los propios jugadores entienden que si la pelota no empieza a rodar, el panorama se agrava. Al menos es la sensación que le queda a LMN tras un rápido sondeo entre jugadores de los clubes más importantes de la región.
Hay una promesa de pago para la semana que viene. ¿No podía esperar unos días en medio de su larga pasividad a ver si se cumplía con lo anticipado en la Asamblea? No tiene la culpa de todo, hay otros problemas de fondo. Pero como en su época de rústico defensor, salió al cruce y quedó pagando...
La amenaza de paro llega cuando los jugadores piden a gritos que empiece el fútbol para poder cobrar. Mala jugada.


