Dos argentinos se llevaron una sorpresa cuando escucharon además temas de Fito Páez, espectáculos de tango y folclore. Hasta tiene su propia yerba.
En las montañas del sur de Italia, una pequeña comunidad mantiene desde hace un siglo y medio una costumbre que parece propia del Río de la Plata: tomar mate. Sus habitantes calientan agua, cargan la yerba en una calabaza y comparten la bombilla como parte de una tradición familiar. Lo curioso es que allí no vive ningún argentino, pero además tienen una particular forma de preparar esta tradicional infusión.
Lo más curioso es que la costumbre no sobrevive gracias a una colonia de argentinos ni surgió como una atracción turística. Pasó de padres a hijos desde fines del siglo XIX y terminó integrada a la identidad de un pueblo con raíces albanesas.
Dos rosarinos radicados en Italia conocieron la historia casi por casualidad, mientras buscaban fiestas populares para recorrer. A unos 70 kilómetros de su casa encontraron un festival con tango, folclore, choripanes y una bebida que conocían desde la infancia.
Lungro, la inesperada capital europea del mate
El pueblo se llama Lungro y está ubicado en la región de Calabria, dentro de la provincia de Cosenza. Tiene alrededor de 2.500 habitantes y se levanta a 600 metros sobre el nivel del mar, rodeado de caminos sinuosos y montañas.
Eduardo Coronel y Noeli Forciniti llegaron desde Cetraro para registrar el recorrido en su canal de YouTube. El GPS los condujo por una zona rural que les hizo imaginar un destino silencioso y casi vacío. Pero esa impresión cambió al entrar.
Encontraron vecinos en las calles, bares con música y carteles que anunciaban el Festival del Mate. Mientras buscaban el lugar exacto de la celebración, sonaron temas de Fito Páez, hubo espectáculos de tango y folclore.
Lungro es conocido como la capital europea de la infusión y celebra su festival cada 1 de agosto desde hace 12 años. La fecha fue elegida por Ana Stratigò, presidenta de la Academia del Mate, como homenaje a su madre.
Cómo llegó la tradición argentina a un pueblo albanés
Los habitantes de Lungro pertenecen a la comunidad arbëreshë, integrada por descendientes de albaneses que se establecieron en el sur italiano varios siglos atrás. Muchas familias todavía conservan su propia lengua, además del italiano, y tienen ceremonias religiosas de rito bizantino.
A fines del siglo XIX, muchos lungreses emigraron hacia Sudamérica en busca de trabajo. Una parte viajó a la Argentina, conoció el mate y comenzó a enviar yerba, bombillas y calabazas a sus familiares.
Varios emigrantes regresaron tiempo después a Italia y llevaron consigo el ritual aprendido. La infusión comenzó a circular entre vecinos que nunca habían cruzado el océano y quedó incorporada a las reuniones familiares.
Una historia transmitida en el pueblo cuenta que una mujer preparó su equipaje para viajar a Buenos Aires en 1920, donde la esperaba su marido. En lugar de guardar vestidos y objetos personales, colocó una pava y un mate. Al llegar, se sorprendió al descubrir que la misma bebida aparecía en todas partes.
La particular forma de tomar mate en Lungro
El termo casi no participa del ritual. El agua se calienta en una pava, que permanece cerca del fuego mientras dura la ronda, y el mate suele beberse dentro de las casas.
Los habitantes no acostumbran llevarlo a la plaza, caminar con él por la calle ni tomarlo durante cualquier actividad. Prefieren compartirlo durante el desayuno o en encuentros familiares, especialmente junto a la chimenea durante el invierno.
La yerba suele ser suave, con palo y endulzada con azúcar. Algunas familias reemplazan el agua por leche cuando preparan la bebida para los chicos. El pueblo incluso cuenta con una yerba propia producida y envasada en Misiones. La variedad lleva el nombre de Lungro y fue desarrollada de acuerdo con el paladar de sus habitantes, menos acostumbrados al amargor intenso.
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