Nacen las sillas de ruedas neuquinas para río y nieve

Alumnos del San José Obrero presentarán el prototipo en Chapelco.

Ana Laura Calducci
calduccia@lmneuquen.com.ar

Neuquén
Los 30 grados de calor de diciembre prendieron la chispa. Los chicos de Derribando Barreras miraron a la gente que se divertía en el Limay y se dieron cuenta de que Neuquén necesitaba tener sillas inclusivas, gratuitas, para que el río sea realmente para todos. Armaron un modelo precario con relativo éxito y se animaron a más. Hoy, seis alumnos del San José Obrero acaban de diseñar un prototipo de avanzada, que permitirá que las personas con problemas de movilidad se puedan meter al agua y también deslizarse por la nieve en todos los centros turísticos de la provincia.

Para andar sobre la arena, la montaña o entrar al agua, las personas en sillas de ruedas necesitan un sostén especial, que sea todo terreno y a la vez pueda flotar. En Argentina no se fabrican y los modelos importados cuestan tan caros como un auto. Por eso, Carlos Bilurón, presidente de Derribando Barreras, entendió con sus jóvenes 20 años que había que inventar una silla anfibia económica y encontrar a alguien que la construya en Neuquén.

Como era alumno del San José Obrero, le contó su idea al director del colegio, Juan Espinosa, que compartió su entusiasmo. A principios de mayo, seis estudiantes del último ciclo, dirigidos por el profe Cristian Sánchez, empezaron a fabricar la primera silla anfibia neuquina, que servirá para ir al río, al lago y también a los centros de esquí. Hoy, les faltan apenas 10 días para terminarla y Carlos ya planea presentarla al público en pleno cerro Chapelco, allá arriba, en la cumbre.

Los chicos se inspiraron en fotos bajadas de internet de las mejores sillas anfibias europeas y norteamericanas. Pero no copiaron; eligieron mejorar esos diseños. "La idea era armar un prototipo que no fuera tan grande, para reducir los costos, y también más liviana", explicó el profesor.

Marcos Solís, uno de los alumnos que están en el proyecto, remarcó que el trabajo creativo y manual es siempre en equipo. "El diseño fue una idea de todos, cada uno puso su granito de arena", remarcó. Precisó que, día a día, "le fuimos agregando a la silla determinadas curvas; por ejemplo, para las piernas, así las personas van a poder sostenerse sin caer de lado".

"Y en este momento estamos pensando en poner un refuerzo a las manijas de arriba para que, cuando empujen, no se tuerzan", acotó su compañero de estudios, José Cid. Añadió que, sobre el final, colocarán una tela resistente como asiento.

Las ruedas, aclaró, son de un plástico especial, liviano y flexible, que permite inflarlas como globos.

"Eso lo trajimos de Chile", contó.

Por ahora, el diseño no tiene nombre y tampoco definieron el color final. Pero son detalles. Lo que más los llena de orgullo es que lograron un compromiso del gobierno provincial para que haya una de estas sillas en cada centro turístico. Para muchos neuquinos, será la llave para disfrutar a pleno de sus vacaciones.

CIFRA
$60.000 es lo que cuesta una silla anfibia importada. En Argentina, es difícil acceder a este tipo de sillas recreativas. En general, se consiguen modelos importados de Europa, que cuestan de 4 mil a 15 mil euros.


Franky, la precursora que ya conoció el agua

NEUQUÉN
La silla anfibia que se construye por estos días en el San José Obrero tuvo un antecedente, una prueba piloto que fabricaron en diciembre dos colaboradores de la organización Derribando Barreras.

Esa unidad precursora fue bautizada Franky, en alusión al monstruo hecho de a partes de la novela Frankenstein, porque la armaron en pocos días con lo que tenían a mano.

El 20 de diciembre pasado, el presidente de Derribando Barreras, Carlos Bilurón, decidió hacer algo para que los balnearios sobre el Limay sean inclusivos. Llamó a dos técnicos amigos, Juan Manuel Abdala y Exequiel Guiñez, y en un fin de semana crearon a Franky.

"Al ser caño, se soldaba y listo; fue todo muy rápido y fuimos a probarla un lunes a las 10:30 de la noche porque el martes se presentaba; tenía que flotar o flotar, si no, estábamos hasta las manos", recordó. La unidad fue un éxito, pese a su precariedad, y se convirtió en la noticia del día.

Seis meses después, con un proyecto más ambicioso en camino, Carlos recuerda con humor que "fue algo muy improvisado, un rejunte de cosas; porque la hicieron con caños de pileta y ruedas de carretilla". Para que no se hundiera, le pusieron dos flotadores de mano de los que usan los guardavidas.

Hoy, Franky está guardada en un galpón del San José Obrero. Ya cumplió su función: dejó en evidencia la necesidad de tener centros recreativos para todos y demostró que, con solidaridad y un poco de ingenio, la silla anfibia neuquina puede dejar de ser un sueño.

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