Nadie escapa de la mirada vigilante de Gran Hermano

Cada salida de una persona es registrada por al menos 10 cámaras.

Ana Laura Calducci

calduccia@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN

La ciudad está llena de cámaras que vigilan. Desde el puente carretero al aeropuerto y desde las bardas al río, cientos de lentes captan todo lo que se mueve. No hay forma de escapar al Gran Hermano de la seguridad: un neuquino que salga de su casa en un barrio del oeste y se traslade hasta el centro dejará al menos una decena de registros visuales.

Hace más de una década, cuando las cámaras de vigilancia eran una novedad, varios funcionarios y organismos de Derechos Humanos alertaban sobre la invasión a la privacidad de este mecanismo. Eso ya quedó atrás.

Un vecino que salga temprano a tomar el colectivo en el barrio Progreso cruzará por delante de alguna cámara antes de llegar a la parada y volverá a aparecer en una pantalla si se baja cerca del monumento a San Martín. Allí quedará registrado en cada comercio al que ingrese y también lo filmarán si se sienta a descansar un rato en una de las plazas céntricas.

Algunos de sus movimientos aparecerán en las pantallas del Centro de Monitoreo provincial, que funciona en la Jefatura de Policía, que maneja 400 cámaras distribuidas en calles, parques y edificios públicos de Neuquén capital. Hay otras 60 cámaras funcionando a modo de prueba, que pronto se incorporarán a la red de videovigilancia de la ciudad.

La Policía tiene a 135 agentes para mirar día y noche ese medio millar de monitores, que también muestran las imágenes de las seis cámaras que se instalaron este año en los puentes carreteros. Además de grabar a las personas, estos dispositivos “leen” las patentes y toman una foto cuando encuentran un vehículo con pedido de captura.

Dentro de la red de vigilancia provincial hay también 19 cámaras que aportó el Municipio en 2017, que se usan tanto para prevenir delitos como para escrachar a infractores y vándalos. Estas filmadoras están repartidas por los balnearios, las calles La Pampa y Leguizamón al fondo, la Isla 132 y el cruce de Río Negro y Democracia. También controlan a los vecinos en la Plaza de las Banderas, Parque Norte, Parque del Oeste y esquinas estratégicas como Tronador y Boerr o Islas Malvinas y Córdoba, junto con los cementerios Central y El Progreso.

Pero el sistema de monitoreo público es apenas una parte del enjambre de cámaras que captan los movimientos de la ciudad. Se estiman que hay al menos 500 filmadoras más de propiedad privada en garages e ingresos de hipermercados, bancos, boliches, farmacias, estacionamientos, colegios, kioscos y viviendas.

Como no existe un registro de las cámaras privadas que filman las calles, se desconoce la cifra exacta y ubicación. Su manejo depende de cada propietario y el Estado sólo interviene cuando ocurre un delito grave y el video que se tomó puede servir como prueba. En ese caso, el poder Judicial se encarga de indagar si existen filmaciones de empresas o vecinos de la zona y las recolecta para la investigación.

En números, Neuquén tiene al menos una cámara callejera cada 300 habitantes o, en términos territoriales, una cada cinco manzanas. Por eso, al ir a pagar las cuentas al banco o al volver a casa del trabajo, difícilmente alguien zafe de quedar inmortalizado en un video de vigilancia.

700 cámaras de vigilancia habrá a fin de año en la provincia Además de las 460 lentes colocadas en la ciudad de Neuquén, la red incluye 100 en Zapala, 52 en San Martín de los Andes, 30 en Chos Malal, 28 en Loncopué, 22 en La Angostura y 20 respectivamente en Junín y Rincón.

El cole también tiene cámaras

Desde marzo, los neuquinos también son vigilados cuando viajan en colectivo. Ya hay tres coches nuevos de Indalo con sistema de filmación, pero se prevé extender luego este mecanismo de seguridad a todas las unidades. El subsecretario municipal de Transporte, Fernando Palladino, explicó que se trata “de una experiencia piloto con algunas unidades cero kilómetro que se incorporaron a partir de una iniciativa de Nación. No es obligatorio, estamos viendo cómo funcionaría”.

OPINIÓN. Darío Kosovsky. Abogado e investigador, especialista en Derecho Penal y Seguridad Púbica

Los efectos de la vigilancia deberían ser debatidos con la ciudadanía

Hoy tenemos una instalación masiva de cámaras, sin cuestionar el avasallamiento de la intimidad. La realidad pasó por encima a la discusión porque avanzó más rápido que la legislación y comprensión del fenómeno. Aunque podemos analizar los aspectos positivos y negativos, la instalación masiva de cámaras en espacios públicos y privados existe como un hecho. El debate pasa por la intensidad y circunstancias. Hay una cuestión de derecho y otra sociológica.

La sociológica es la sensación de seguridad subjetiva. La filmación no es un mecanismo preventivo del delito sino en todo caso disuasivo. No soluciona el problema, lo corre de lugar. Si hubiera un efecto disuasorio garantizado, el resultado lógico sería poner cámaras en todos lados y no tendríamos delito, pero eso no ocurre.

Desde el derecho, es la publicación de la vida íntima en el espacio público. Porque conversar o besarse son acciones íntimas que pueden ocurrir en una plaza y una filmación interfiere en esas conductas. La integración de las filmaciones privadas a una red de monitoreo estatal no atenúa la interferencia, sino que genera una monopolización con la lógica de un estado Gran Hermano. El tema son los límites: cuándo se puede interferir y con qué fines. Aunque la intimidad está resguardada constitucionalmente, se necesita reglamentación más explícita sobre tiempos de conservación de las imágenes, quién y cómo utiliza esos archivos o las sanciones para el uso con fines perjudiciales.

Esto se cruzaría con la libertad de prensa, aunque hay que considerarlo porque, una vez que las imágenes circulan, la afectación ya se produjo. Debería darse un diálogo entre expertos en seguridad y justicia, medios de comunicación y la ciudadanía sobre cómo pensar esa regulación. Evitar que se privatice el espacio público y se transforme en este Gran Hermano donde tenemos que resguardar nuestra intimidad cada vez más en espacios cerrados.

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