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El COLE en Neuquén: el sistema de transporte que busca consolidarse entre los mejores del país

¿Qué define a un buen sistema de movilidad pública? ¿La cantidad de unidades? ¿El precio del boleto? ¿La frecuencia? ¿O, en realidad, la confianza del usuario?

En Neuquén, esas preguntas empiezan a encontrar una respuesta concreta. A tres años del inicio del sistema COLE, la ciudad atraviesa un proceso que no es menor: pasar de un servicio cuestionado a un esquema que busca consolidarse entre los más eficientes del país. No es un dato menor en una ciudad que crece, se expande y exige cada vez más de sus servicios públicos.

El sistema COLE comenzó en febrero de 2023. Hasta ese entonces, el sistema a cargo de la empresa Indalo contaba con una flota de 60 vehículos, que cada tanto quedaban varados en las calles capitalinas. La falta de mantenimiento y deterioro de las unidades era más que evidente. El mal humor de los vecinos por el servicio de transporte que se les brindaba se hacía sentir cada jornada. La relación precio-calidad no satisfacía a los usuarios y tampoco al Intendente, Mariano Gaido, que había sumido el gobierno con la convicción de tener que revertir lo que se entendía como una “bomba a punto de detonar”.

Desde que el sistema COLE debutó en el verano del 2023, hubo una decisión clara: reconstruir un vínculo que estaba deteriorado entre el transporte y el usuario.

En ese camino, los cambios no fueron solo discursivos. El sistema, inicialmente, pasó de las 60 unidades de Indalo a 180. En la actualidad alcanzaron las 216 unidades en calle, a las que se sumarán buses eléctricos. El sistema amplió su cobertura a 31 líneas y redujo la frecuencia promedio de 40 a 20 minutos. Pero el dato más significativo es otro: el transporte dejó de ser un servicio acotado en el tiempo. De apenas dos líneas en horario nocturno, ahora serán diez las que funcionen durante la noche. La transformación no es solo en cantidad, sino en alcance: más colectivos, más recorridos y una ciudad que empieza a tener transporte cuando realmente lo necesita.

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Cómo fue el crecimiento

Ese crecimiento urbano tiene ejemplos concretos. El Distrito 7, por ejemplo, ni siquiera existía cuando se diseñó el sistema. Hoy, con cientos de familias viviendo allí, ya cuenta con extensión de la Línea 10 y unidades asignadas para garantizar el servicio. A esto se suma la creación de la Línea 31, que busca conectar el norte de la ciudad con la zona de Confluencia, pasando por sectores estratégicos como el polo tecnológico o el Instituto de Formación Vaca Muerta. No se trata solo de transporte. Se trata de integrar territorios que antes quedaban desconectados.

En paralelo, el sistema empieza a incorporar una mirada de futuro. En las próximas semanas se sumarán buses eléctricos, una innovación que no solo implica tecnología, sino también una definición sobre el tipo de ciudad que se quiere construir. Vehículos más pequeños, con menor impacto ambiental y pensados para circuitos específicos, especialmente en zonas turísticas y de conexión con el río. En ese punto, Neuquén empieza a alinearse con una tendencia global: la movilidad sustentable como eje del desarrollo urbano.

El boleto más bajo

Uno de los aspectos más sensibles del sistema es el valor del boleto. En comparación con otras ciudades del país, Neuquén mantiene una de las tarifas más bajas, con la particularidad de no contar con los niveles de subsidio nacional que sí tiene el AMBA. El último aumento fue en junio de 2025, a pesar de un contexto donde los costos operativos fluctúan constantemente, especialmente en lo que respecta al combustible y los insumos. Esa diferencia no se explica sola. Hay una decisión del Estado municipal de contener el precio del boleto y sostener el sistema.

Ese rol del Estado es central. No solo por la tarifa, sino también por políticas concretas como el boleto estudiantil gratuito, que alcanza a casi 50.000 alumnos de todos los niveles educativos, tanto públicos como privados. En ese punto, el transporte deja de ser solo un servicio para convertirse en una herramienta de acceso. Acceso a la educación, al trabajo y a la vida cotidiana.

El impacto del sistema también se puede medir en términos urbanos. Un colectivo puede trasladar a decenas de personas en un solo viaje, mientras que la mayoría de los autos circulan con un solo ocupante. La diferencia no es menor. Menos autos implican menos congestión, menos contaminación y una ciudad más ordenada. Pero para que eso ocurra, el transporte público tiene que ser confiable. Tiene que ser una opción real.

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Neuquén está en pleno proceso de expansión. Y en ese contexto, los servicios públicos pasan a ser determinantes. No hay crecimiento ordenado sin transporte eficiente, sin limpieza urbana, sin infraestructura. El sistema COLE aparece como una de esas piezas clave que sostienen ese desarrollo. No es el único factor, pero sí uno de los más visibles en la vida cotidiana de los vecinos.

A tres años de su implementación, el sistema muestra avances concretos. Pero también deja en claro que el desafío no termina. Sostener la calidad, ampliar la cobertura y mantener tarifas accesibles en un contexto económico complejo será la verdadera prueba. Porque al final, más allá de los números, hay una medida que define todo: que la gente lo elija.

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