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El nuevo mapa del vino en Argentina (con lugares que ni te imaginás)

El vino en Argentina está en expansión y cada año aparecen novedosos desarrollos.

Campana tiene un sonoro nombre junto al río Paraná del que hasta ahora pocos podrían oír repiquetear en clave de vino. Balcarce o Ischilín, Buenos Aires y Córdoba, respectivamente, también elaboran botellas con estilos tan contrapuestos como curiosos. Eso, para no hablar de Victoria, Entre Ríos, o hasta Santiago del Estero donde alguien se atreve a plantar viña.

De las 23 provincias de Argentina hoy se elaboran uvas con destino para vino en 18. Es verdad, en algunas apenas pasa de ser algo testimonial, como en Santiago del Estero, pero cierto es que aquel mapa en el que Cuyo brillaba en soledad como único destino posible para el vino, está cambiando a velocidad crucero.

No es lo mismo una provincia como la de Córdoba, con recursos y empresarios con ganas de apostar, o la de Chubut, donde se da un caso parecido, en la que hay una docena de viñedos en cada una, que Santa Fe donde hay un loco plantando viña por gusto. Tampoco es lo mismo Cuyo, que da cuenta del 97% del vino de Argentina, que todos los viñedos desparramados por Buenos Aires que, a cuenta gotas entre Ventana, Junín, Campana, Tandil y Chapadmalal suman el 0,01% de la elaboración de vinos en 2023.

Sin embargo, hay algo en este movimiento centrífugo respecto de los vinos de Mendoza que genera expectativas y amplía los horizontes. Algo sucede entre los elaboradores y los bebedores que convierte a estas aventuras peregrinas en algo atractivo, instagrameable.

De la viña a la bodega

El contraste es lo que manda. Si en el pasado no tan remoto, digamos unos 100 años, la única manera de tener vino en rincones lejanos era plantar la viña. Antes, en parajes como Cafayate en Salta o Victoria en Entre Ríos, hacerse con un vino para beber durante el año significaba que, en cada pueblo, había un loco que se dedicaba a cultivar la viña. Así nacieron todas las regiones del mundo, dicho sea de paso. Esa motivación ha cambiado. Hoy ese loco no está tan motivado por la sed, sino más que nada por darle rienda suelta a un hobby.

Son motivaciones diferentes, es verdad, pero tienen una misma raíz: el placer de hacer algo que a los demás les guste. Desde la década de 1930 y hasta la del '90 en Argentina estuvo prohibido plantar viña fuera de las zonas habilitadas para el cultivo. Caída esa prohibición, no tardaron de aparecer desde inversores a hobbistas con ganas de tentar suerte y hacer sus botellas. Es que la pasión por transformar la uva en vino es algo irresistible. Y siempre hay un loco con ganas de probar suerte, arriesgar dinero y conseguir embotellar algunos vinos que antes no existían.

Modelos de existencia

Si algo tiene el vino es que no resulta un plan sencillo. Reclama tiempo. Mucho tiempo y dinero. Algunos de esos hobbistas que emprenden fuera de la caja son gente adinerada que pone fichas en el valor pionero. Así existen proyectos con foco en el turismo, como Gamboa (Campana), Vouillé Sermet (Entre Ríos), Bodega Saldungaray (Sierra de la Ventana), Terra Camiare (Colonia Caroya) o Viñedo Las Antípodas (Junín, Buenos Aires)

Mientras que otros ponen foco en los vinos como producto. Es lo que sucede con Achala Wines (Traslasierra, Córdoba), Castel Conegliano (Sierra de Los Padres, Buenos Aires), Puerta del Abra (Balcarce), por mencionar algunos proyectos productivos de cierta envergadura y foco en el desarrollo del negocio.

Cualquiera sea el caso, lo cierto es que el mapa del vino en Argentina está en expansión y cada año aparece un nuevo desarrollo. En ese sentido, La Pampa, Chubut, Córdoba y Buenos Aires parecen los escenarios más firmes en materia de desarrollos. Sólo en la provincia de Chubut han aparecido algunos viñedos pequeños con un guiño de bodegas mendocinas buscando zonas frías. Es el mismo camino que emprendió Trapiche cuando desarrolló Costa y Pampa en Chapadmalal: viejos jugadores del negocio hoy están empujando a esos hobbistas a nuevos horizontes. De esa combinación saldrá una nueva generación de vinos que aún están bajo el radar.

La minera que tiene su viñedo

En Córdoba una minera armó con los deshechos del granito explotado un viñedo sobre los terraplenes de desperdicios. Le llamó Alma Minera. Está emplazado en el Valle de Calamuchita y son tres hectáreas de plantación en las que producen ocho variedades de uvas (malbec, sancelota, cabernet franc, syrah, tempranillo, tannat, chardonnay, sauvignon blanc). Una rareza del nuevo paisaje de vinos.

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